Stuart no logra salvar el universo: aventura distópica y elogio del fracaso
El esperado spin-off de The Big Bang Theory es un viaje hilarante y lúdico por mundos alternativos alocados. Reencuentra al público con personajes de la querida serie.
Un personaje dubitativo y nerd de comics queda a cargo de salvar al mundo y una banda de hermosos "perdedores" lo secundan. Esta misión, cuyo naufragio se preanuncia, lanza a los protagonistas a saltar entre distintas líneas de realidades que no convencen en las que pueden ser dictadores en un mundo postapocalíptico con insectos gigantes, magos venerados y hasta adoptar rasgos animales. Pero mejor no spoilear, que de eso ya se encarga esta serie tan original que hasta se burla de los spoilers.
The Big Bang Theory fue una serie exitosa que se ganó el corazón de millones de fans. La elección del personaje de Stuart Bloom (Kevin Sussman) para hacer un spin-off sorprendió hasta a los propios actores pero, a juzgar por el resultado, resultó un acierto. Antes había surgido "El joven Sheldon", una suerte de precuela centrada en el famoso protagonista. Pero el director miró para el costado y encontró un secundario, o varios, que merecían tener historia propia.
El neurótico dueño de la tienda de cómics tiene la tarea de restaurar la realidad después de romper un dispositivo construido por Sheldon y Leonard, lo que desencadena un apocalipsis multiversal. Stuart recibe el mensaje de que debe convertirse en héroe. Tendrá que encontrar la máquina y restablecer el orden prestablecido.
En el camino forma una pequeña pandilla que viaja de mundo en mundo, de mal en peor. Son personajes conocidos para quienes vieron la serie original: Denise (Lauren Lapkus), quien fue su novia, su amigo el geólogo Bert (Brian Posehn) y el físico cuántico Barry Kripke (John Ross Bowie), con su forma de peculiar forma de hablar y sus dichos molestos.
Creada, escrita y producida por Chuck Lorre, Zak Penn y Bill Prady, los nuevos episodios de "Stuart no logra salvar al mundo", que se estrenan todos los jueves en la pantalla de HBO Max, combina comedia y ciencia ficción (y por momentos ciencia sin más), una mezcla atrapante.
El espíritu lúdico de la serie se impone: envía mensajes a través de los títulos y bautiza los episodios con spoilers. En muchos detalles sobrevuela también un aura de elogio del fracaso en esta misión que ya desde el propio nombre está perdida. Los propios personajes, en cada distopia en la que caen, circulan entre la recurrencia y la novedad, pasan de ser alabados o escuchados a caer presos, del triunfo a la caída. La odisea los confronta también con sus propios deseos y con la idea de la perfección y la realidad ideal. A veces salvarse es saber qué perder.
Aunque no hace falta haber visto la tira anterior para disfrutarla, hay muchos guiños que los fanáticos sabrán apreciar. Por ejemplo, para felicidad de los seguidores de la serie madre aparecen como invitados varios de los personajes originales en roles a veces alejados de los que tuvieron. Porque en el fondo, este paseo es una forma de aterrizar una vez más en el querido universo de The Big Bang Theory.


