En 1989, los críticos de cine tuvimos que afrontar el denuesto de muchas de las personas que llenaron las dos únicas salas que pasaban El sabor de la cereza, de Abbas Kiarostami. Todavía nos siguen pegando por aquello: salvo un medio cuyo slogan es "el gran diario argentino", en casi todos lados la película se calificaba con diez, cinco estrellitas o el que fuere el tope de las puntuaciones. Ojo: Clarín le había puesto ocho, y la crítica la había hecho alguien que no era específicamente crítico de cine. La cuestión es que el cine Lorca, el primero en pasarla, llenó cada función y, como no se veía desde los años ochenta, la cola daba vuelta la manzana. Pero obviamente -como pasa en realidad con todas las películas-, muchos salían decepcionados. También hubo críticos "piolas" que creían que se trataba de snobismo. Quizás no fue la mejor forma de conocer el cine iraní ni a Kiarostami, pero fue como sucedió y quedó el estigma. Dado que Mubi, la plataforma dedicada a cine mundial y, más específicamente, a programaciones de festivales, tiene hoy para mostrar siete de sus películas más representativas, es hora de defender nuestra elección de entonces.

Las películas visibles son, en orden cronológico, ¿Dónde está la casa de mi amigo?, Detrás de los olivos, El sabor de la cereza, El viento nos llevará, Ten, Copia certificada y Like someone in love. La anteúltima, realizada en Italia y la última, en Japón. Primero vamos a lo que tienen en común: gente que se mueve. Viajan en auto, caminan por calles, recorren rutas. El viaje es absolutamente necesario siempre, aunque en ocasiones lo que sucede es que giran en un mismo territorio (lo que pasa en El sabor... y El viento...). Como a Kiarostami le importa bastante lo que les sucede a estos personajes, muestra cómo se porta mientras manejan y miran el mundo, aunque no por eso deja el mundo de lado. Eso -que una película ocurra casi exclusivamente en la cabina de una camioneta- fue lo que hizo que mucha gente dijera que en El sabor... "no pasaba nada", sin prestar atención a lo que sí pasa, que muchas veces combina con planos generales muy abiertos del territorio que se recorre. 

Otro tema es cómo lo moderno altera la vida cotidiana. En El viento..., quizás la película clave en este sentido, un productor de TV va a una aldea tradicional porque cierta mujer muy anciana está por morir. Y lo que necesita constantemente -y se vuelve un gag- es señal de celular. Eso lo obliga a recorrer un largo camino hasta el único lugar donde puede conseguirla. Pero esa intromisión de "lo moderno" no altera las tradiciones del lugar: más bien muestra cómo el paso del tiempo nos vuelve ridículamente diferentes pero esencialmente iguales. Ese personaje, dicho sea de paso, va a descubrir el placer del paisaje, del viento en la cara, de los caminos coloridos. El espectador también por cómo lo registra Kiarostami con toda la belleza posible.

Y finalmente, el cine en el cine, o la representación en la representación. En Detrás de los olivos, Kiarostami reproduce el rodaje de su película anterior (no está en la selección, es La vida continúa) y cuenta cómo un joven que tiene que hacer de enamorado de una chica se enamora realmente, y cómo ese romance trasciende el "falso" romance del filme que se está realizando. Eso genera momentos de comedia y de enorme ternura, hasta un final en un solo plano que es pura felicidad. Pero también sucede en las dos películas internacionales, Copia certificada y Like someone...

En la primera, Kiarostami toma un enorme clásico del cine (Viaje en Italia, aquí conocida como Te amaré por siempre, de Roberto Rossellini, con Ingrid Bergman y George Sanders -si quiere, puede verla en Qubit.TV) y la "copia": hay una pareja de aparentes desconocidos que recorre un pueblito italiano "haciendo como que" se conocen y son un matrimonio que se ha separado y busca quizás reencontrarse. Mientras, alrededor, ocurren cosas como una boda o la visita de otra pareja a los mismos lugares. El título refiere a dos cosas: que la mujer de la pareja (Juliette Binoche, que ganó Cannes en 2010 por este papel) trabaja como vendedora de réplicas "certificadas" de obras de arte, y que el filme en sí es la copia comentada de otro filme. Es también en el fondo una comedia romántica. Mientras que en Like someone in love, el punto de partida es el de un anciano profesor universitario que contrata a una muy joven prostituta -que paga sus estudios así- y termina fingiendo ser su abuelo y defendiéndola de hombres peligrosos. Aquí se pasa de la comedia al drama -el final es de los más violentos rodados por el director- y se comenta cómo y por qué se finge, se "hace cine" en la vida cotidiana.

Dos tipos de personajes abundan también en sus películas: los niños y las mujeres. En el primer caso, porque Kiarostami comenzó su carrera haciendo películas infantiles y cortos didácticos para escuelas, y conoce muy bien la infancia. Dónde está la casa de mi amigo es casi una película de aventuras donde un nene de diez años se aventura a otro pueblo para devolverle una tarea a un amigo que corre el riesgo de ser expulsado del colegio. Esa idea de que la infancia es territorio de la aventura va muy bien con la del viaje y el recorrido, del movimiento constante. Y en Ten, vemos a una mujer al volante que conversa con sus pasajeros (diez veces, de allí el título inglés), y esas conversaciones son de una gran inteligencia, tan interesantes y mordaces en ciertos casos que nos olvidamos de que todo sucede dentro de un auto. Es muy importante esta aparición de las mujeres en el cine de un país que tiene muchas contradicciones respecto del rol que deben tener las mujeres en la sociedad; Kiarostami, sin hablar de política, hace cine político de manera muy sutil.

Por último, el asunto del paisaje es también importante. Uno puede pensar en John Ford (cineasta admiradísimo por el iraní) en este sentido. Si vieron westerns de Ford, recordarán que es recurrente cierto plano donde el paisaje se ve gigantesco y los personajes muy pequeños, en la lejanía, a veces observados por otros personajes (en general, los "mirados" son estadounidenses a la conquista de un territorio y quienes miran, indígenas que lo conocen y se han integrado a él desde siglos antes). Es la idea de que el mundo persiste a pesar de los pequeños dramas humanos, de que la naturaleza y los lugares guardan una memoria casi indiferente frente al devenir humano. En el caso de Kiarostami, el paisaje cumple casi la misma función, salvo que, como los personajes a veces tienen deseos pequeños o ridículos, todo termina siendo un poco irónico. En El sabor de la cereza, por ejemplo, el protagonista busca a alguien que lo ayude en cierta tarea poco amable: no sabe si va a suicidarse, quizás tome un veneno, de todos modos se recostará en una tumba que tiene cavada. Necesita que, si tomó el veneno, lo terminen de enterrar y, si no, lo ayuden a despertarlo. Y mientras no encuentra al "socio", detrás de su camioneta suele verse a grupos de obreros con palas, gente que está cavando, mientras él solo cosecha negativas. El mundo de Kiarostami es bello y complejo, inteligente y sutil. Y vale la pena conocerlo.

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