Pasando revista a la (creciente) grilla de películas de HBO Max, aparece una buena cantidad de títulos que poseen la curiosidad de haberse vendidos por algo que, en el fondo, no son. No es que no "sean" lo que dicen ser, sino que además son otra cosa. Sí, bueno, no es muy claro, pero va a quedar mucho más compresible cuando veamos estos ejemplos de películas que, además, son muy buenas y en algunos casos pasaron sin la debida atención.

Por ejemplo. A mediados de los noventa, se estrenó Acoso sexual. Esa película seguía a Propuesta Indecente en el rubro "la noticia importa más que el filme" y hubo para ambas (todo había empezado, de todas maneras, con Atracción fatal y seguido por Bajos Instintos) cientos de notas en los medios alrededor de "la cosa". De las cuatro mencionadas, dos son absolutamente buenas (Borges dixi) y las otras dos, excretables. Ya saben cuáles, de todos modos. Entre las dos buenas está Propuesta... que es en realidad el primer cyberthriller de la historia. Además, en lugar de un hombre que acosa a una mujer, es al revés: la nueva jefa Demi Moore acosa al empleado desplazado Michael Douglas. Pero en realidad (lo dijo bien mi colega Quintín en El Amante entonces) es una fábula sobre el capitalismo y los nuevos mecanismos de explotación, además de que detrás de lo del "acoso" (que es menos que mínimo) está la fuerza del rumor y las nuevas tecnologías controlando la eficacia de los nuevos esclavos digitales. Dirigida por Barry Levinson, se adelantó a su tiempo.

Otra que se adelantó a su tiempo es El demoledor. Se vendió como la historia de un megaforzudo peleando contra otro megaforzudo. El bueno es Sylvester Stallone, el malo, Wesley Snipes. Dirigida por Marco Brambilla, fue el primer papel importante de una chica llamada Sandra Bullock. Pero si bien sí es una película de acción, es sobre todo otra cosa: la primera gran sátira sobre la corrección política. El Bueno y el Malo son congelados y despertados un par de cientos de años en el futuro. Donde no se puede insultar (te multan), las relaciones sexuales son sin tocarse (da asco), toda la comida es vegetariana o vegana (la carne está prohibida), nadie bebe ni fuma (obvio) y al Bueno, llamado Joe Spartan, lo condicionan en esos años de congelamiento para que, cuando tiene ganas de usar armas, teja al crochet. La Resistencia es un grupo subterráneo comandado por Dennis Leary cuyo acto subversivo es fumar y comer hamburguesas. La química cómica entre Stallone y la Bullock es sensacional. Un clásico que predijo este estado de las cosas.

Seguramente a Oliver Stone lo conocen por sus películas sobre Vietnam, presidentes norteamericanos o documentales sobre Castro o Chávez. Pero dos de sus mejores películas no tienen nada que ver. Una de ellas es Giro al infierno, donde un delincuente de poca monta al que se le rompe el auto queda varado en un pueblito lleno de malandras. Es un policial negro con aire al Hammett de Cosecha Roja, pero con muchísima sátira. Sean Penn se ríe de sí mismo, Jennifer López es terrible mujer fatal (que se ríe de sí misma) y hay un personaje totalmente estúpido interpretado por Joaquin Phoenix. Es de una locura solo comparable con Asesinos por Naturaleza, y pasó también totalmente inadvertida.

La que no pasó inadvertida pero le dieron para que tuviera, guardara y repartiera fue El mensajero, segundo (de tres) largometraje dirigido por Kevin Costner. Lo vendieron como un filme futurista (había hecho Waterworld, que todos predecían como fracaso y fue un éxito, aunque el mito de que perdió plata subsiste) y sí, transcurre en el futuro, pero es un western lleno de bosques y montañas, donde en unos EE.UU. que caen en la anarquía tras un desastre bélico, el personaje del título finje que reparte cartas y mandos de una "autoridad central" y básicamente reconstruye la utopía americana. No solo es buenísima (sí, es buenísima) sino que además es de un clacisismo y una belleza notables. Y quizás por eso la destrozaron sin motivo.

Algo parecido sucedió con El Exorcista III, dirigida por el propio autor de la novela original, William Peter Blatty. Sin llegar a la maestría de la primera, es una de las mejores películas de terror de los noventa, con George C. Scott en el rol del detective que en la original jugaba Lee J. Cobb. Nadie que la haya visto ha olvidado al asesino con bata que aparece por el lateral de un pasillo. Es no solo terrorífica, sino además una fábula sobre la fe y la existencia del Mal que hoy no podría filmarse con esa parsimonia ni crudeza. Pruebe porque es excelente.

Y terminemos con un filme que nació porque su estrella, Samuel L. Jackson, quería que existiera algo llamado Snakes on a Plane. Y entonces se juntó gente en Internet y se hizo, dirigida por un gran realizador de acción, David R. Ellis (le debemos la extraordinaria Celular). ¿Qué es? Bueno, hay un testigo, un agente del FBI, un vuelo y los mafiosos liberan un montón de víboras de todo tipo. Hay batallas en el avión, se muere el piloto y pasa todo lo que se les ocurra en un avión infestado de serpientes. Y es muy, pero muy, divertida. Casi nadie la vio, en realidad, pero es de culto.

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