La franquicia cinematográfica más exitosa de todos los tiempos es, no hay sorpresa, el Marvel Cinematic Universe, que con 23 películas logró recaudar en todo el mundo 22.900 millones de dólares. El negocio, obviamente, es muchísimo más grande, pero veamos ese número. No solo es un indicador de que el marketing funciona: realmente hay allí algo social y global que explica las recaudaciones. De todos modos, el promedio de recaudación es de 985 millones. 

Dejemos de lado los números: solo digamos que son pavorosos. Y que mucho de lo que ha sucedido en ese universo de fantasía hoy es icónico, de uso constante (el "chasquido" de Thanos, por ejemplo). Siempre hay una sincronización entre una obra y una sociedad para que el éxito aparezca. Así que aquí vamos a hacer dos cosas: recomendarles una por una las cuatro (o cinco, o cuatro y media) películas de los personajes y ver por qué.

Primero, historia. Los Avengers (se prefiere la denominación en inglés porque en la Argentina el grupo de riesgo identifica Los Vengadores con la magnífica, irrepetible serie inglesa con Patrick McNee y Diana Rigg) nacieron en 1963 de la mano del guionista Stan Lee y el dibujante Jack Kirby (de los mayores genios gráficos del siglo XX, pero lo dejamos para otra nota). En esos tiempos estaba de moda juntar varios superhéroes en una sola revista. Los tipos con superpoderes estaba en baja, pero Marvel Comics había encontrado una especie de solución.

Esa solución consistía en revertir algunas constantes del género. Algunos no tienen identidad secreta (por ejemplo, Los 4 Fantásticos). No viven en un mundo o ciudades imaginarias como Gótica o Metrópolis, sino básicamente en Nueva York. Sufren de problemas cotidianos (conseguir trabajo y hacer justicia al mismo tiempo; enamorarse, casarse, separarse, tener hijos y salvar al Universo, etcétera). Y el mundo que los rodea es el nuestro.

Por eso rápidamente los comics de Marvel se volvieron de culto en las universidades atravesadas en los sesenta por la contracultura, la psicodelia, los movimientos políticos (¿de dónde creen que salió el nombre Black Panther?) y la lucha por los derechos civiles. Todo eso y la aventura gigantesca, colorida y no poco satírica estaba en la mente de Lee y Kirby (y otros dibujantes como Steve Ditko, Jim Steranko o, luego, Barry Smith o Gil Kane). Los Avengers, de todos modos, no eran "los más" famosos ni exitosos de los superhéroes. Pero ahí estuvieron.

Iron-Man, Thor, Hulk, Ant-Man y The Wasp fueron los primeros. A las pocas ediciones, se sumó un resucitado Capitán América, el primer héroe de Kirby creado veinte años antes para pelear contra los nazis. Poco a poco, la idea de un grupo de personalidades diferentes que a veces se llevaban muy mal pero tenían un horizonte moral común se hizo célebre. Y bien, aunque nunca eclipsaron a las megaestrellas 4 Fantásticos, fueron exitosos. Más que los X-Men, dicho sea de paso, que nacieron y murieron en pocos años antes de que los resucitaran (e incorporaran a Wolverine) en los 80 de la mano de Marv Wolfman.

Bueno, esta es la prehistoria. Hubo algunos intentos de llevar a los personajes a la TV (una serie imposible, hecha con comics apenas animados, en el 64, que se puede encontrar en YouTube, animaciones de los 70, un par de películas de bajo presupuesto) pero siempre pasaba lo mismo: la tecnología era insuficiente y la inversión, demasiado grande para arriesgarse. Hasta que no llegaron las computadoras y la animación digital, nada de nada.

Las películas nacieron poco a poco. Marvel estaba casi fundida y decidió hacer dos movidas: vender algunos de sus personajes más exitosos a empresas de cine para hacer películas, y reservarse algunos para hacerlos ellos mismos. Apostaron todo (y decimos "todo": si fracasaban, se hundía Marvel para siempre) a un resucitado Robert Downey Jr., que necesitaba un éxito tras años de adicciones, cárcel y recuperación, y a Iron-Man, personaje poco conocido fuera de los EE.UU. Y ese genio de la actuación que es Downey más el corazón tamaño gigante del director Jon Favreau lograron el milagro. De allí a ir construyendo a los Avengers, película a película, hubo un par de años (de 2009 a 2012). Lo demás ya lo saben.

¿Por qué funcionan, qué tienen de original? Primero, los actores: son todos tipos conocidos, algunos nominados al Oscar (Downey, Jeremy Renner, Scarlett Johansson); uno ganador, de hecho (Mark Ruffallo) y un par de tipos inmensamente populares en su país (Chris Evans y Chris Hemsworth). Es decir: no se buscó la "clase B" sino la A. Prestigio: decirle al espectador que lo trataban con absoluto respeto y buscaban a los mejores actores posibles costo aparte. 

Segundo: las historias se concentran sobre todo en los personajes, sus reacciones, sus necesidades, sus miedos, sus triunfos y fracasos, sus tristezas. Poco a poco, se van volviendo mucho más humanos que superhumanos. Sus fracasos los vuelven tremendamente melancólicos. Su ética es la del deber cumplido aunque nadie lo agradezca. Reflejan bastante al héroe tradicional estadounidense que dejó de ser efectivo cuando en 2001 un atentado terrorista dejó muy chiquitas a las películas. Hacía falta tener superhéroes.

Tercero: el diseño de producción es cuidadísimo y respetuoso en gran medida del canon del comic. Esto no es un "reflejo nerd" sino una necesidad: que ese mundo de supertipos, monstruos, robots, dioses y extraterrestres locos fuese lo más real posible. Por eso la inversión promedio por película supera los 250 millones de dólares.

Dicho esto, el lector puede entrar a Disney+ y ver todas las películas (en una tira están "cronológicamente" según el orden del comic). Pero solo ver Avengers (2012), Avengers: la Era de Ultrón (2014); Infinity War (2018) y Endgame (2019) permite entender toda la historia de cómo terminaron enfrentados a un titán loco, Thanos (gran trabajo de Josh Brolin con maquillaje digital) cuyo fin es eliminar a la mitad de los seres vivos de todo el universo.

Pero hay una quinta película: Capitán América-Guerra Civil (2016). Porque uno de los grandes temas de esta serie es ¿qué se hace en el mundo con super tipos? En Guerra... una misión que termina en tragedia lleva a que los gobiernos del mundo decidan que los superhéroes se sometan a una autoridad global. Tony Stark/IronMan dice que sí; Steve Roges/Capitán América dice que no. El primero aduce que es demasiado poder para que ellos mismos decidan cómo usarlo. El segundo, qué pasa si les piden intervenir según una agenda política que no es la de ellos (que es moral). Se pelean y los Avengers (entonces ya una docena) se dividen. Así llegamos a Infinity... y Endgame, donde se decide la suerte del universo.

Pero esta serie es, sobre todo, una saga moral. Donde hay personajes que cambian de posición ante la tragedia (Wanda, interpretada por Elizabeth Olsen); donde hay quien descubre dónde pertenece (Black Widow) y quien no se resigna a haber perdido el mundo que lo esperaba (Capitán América). Y quien pasa de la frivolidad egoísta al máximo gesto de altruismo (Iron Man). Y es un gran espectáculo. Probablemente el éxito se explica porque hay de todo y para todos, porque, guste o no, llevó al cine un mundo en el que podemos creer que los buenos ganan, en este mundo tan caótico que nos ha tocado.

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