Galletas de animalitos debería de haberse estrenado en cines. Lo valía porque su animación y sus diseños requieren, para ser disfrutados como corresponde, una pantalla bien grande. Hay una familia, un circo en problemas y unas galletitas mágicas que convierten a las personas en animales capaces de cualquier espectáculo. Y hay, como corresponde, un villano. Pero no solo todo es amable y tierno en el mejor sentido del término sino que permite pensar sobre esa gran vocación humana, la de llevar felicidad y alegría, fantasía mediante, a otras personas. Aunque es casi seguro que, si la ve con chicos, la escuche en castellano, vale la pena oír el original con un cast de voces impecable. Un filme animado y familiar en la mejor y más noble tradición del género: aquella que elude la puerilidad.