Uno de los más grandes autores del cine contemporáneo está sub representado en las plataformas. Realmente es difícil encontrar películas del estadounidense orgullosamente descendiente de italianos Brian De Palma. Y eso que no le han faltado éxitos: Carrie, Scarface, Los Intocables, Misión: Imposible, o títulos que se volvieron clásicos absolutos como Vestida para matar, Blow-Out y la gran Doble de cuerpo son difíciles de encontrar. Están bastante desperdigadas, de hecho. Y ni qué decir de Dominó o Redacted entre sus últimos trabajos. Vean que los títulos que mencionamos son conocidos por la mitad más uno de la cinefilia y no cinefilia. Están, pero es complicado hallarlas en un solo lugar. Bueno, cuando están, claro.

Así que el hecho de que Star+ tenga cuatro títulos de los menos transitados de De Palma es para festejar. Además porque son cuatro excepciones aunque no a los temas o al estilo. Los malintencionados lo describen como un parodista de Alfred Hitchcock, y es cierto que es su inspiración básica (aunque también todo el cine clásico, especialmente Howard Hawks, de quien hizo la remake de Scarface, nada menos). Pero es otra cosa. De Palma cree que el público del cine es culpable y que difícilmente se lo pueda redimir. Que hay un plano del deseo que se manifiesta de forma salvaje, a veces primitiva, y que el arte es el único lugar donde puede manifestarse. Pero que la pureza de la vocación se ve alterada por -como diría Dos Passos- el Gran Dinero, que es la forma en la que el Mal se manifiesta en su universo. De Palma es un enorme estilista, un genio del montaje y del plano secuencia (parece contradictorio pero no lo es) donde lo esencial es cómo se mira, no tanto el qué. Es decir, De Palma -y en esto sí es un gran discípulo de Hitchcock- tiene como gran tema el propio cine, aunque no siempre se muestre.

Fantasma en el Paraíso parece una excepción. Más allá de ser una de las grandes películas de culto (aquí pasó décadas en trasnoche del cine Arte) es un musical lleno de rock que narra el cuento de Fausto pero mezclado con Drácula, Dorian Gray, Frankenstein y todo el universo del horror clásico. Su molde es en realidad El Fantasma de la Opera, películas varias y novela de Gaston Leroux: un músico al que han mutilado y quitado su obra maestra y que intenta que un falso artista la ponga en escena. El Fantasma de De Palma, dicho sea de paso, fue la inspiración de, nada menos Darth Vader (De Palma y Lucas eran muy amigos: De Palma fue el que sugirión -en realidad le ordenó- a Lucas que pusiera un cartel/resumen en el inicio de Star Wars porque "no se entendía nada"). Pero en el fondo es un acto de acusación al público, que no puede distinguir lo real de la ficción y termina bailando con los muertos. Obra fundamental llena de cinefilia e invenciones.

La Furia vino después de Carrie y muchos creen que es algo así como una continuación porque está Amy Irving (la "sobreviviente" del otro filme) y porque trata sobre jóvenes con poderes paranormales que son utilizados por la CIA para crímenes políticos. Pero es en realidad una gran historia sobre la manipulación y sobre la aparición del Mal (un Satán genial interpretado por John Cassavetes) en la Tierra. Hay mucho suspenso, las truculencias aparecen poco a poco, y las secuencias finales combinan a Hitchcock con la más hermosa manifestación de la "furia" que el cine ha dado, en una escena que puede relacionarse con Scanners, de David Cronenberg, casualmente estrenada casi al mismo tiempo. El De Palma político cruzado por lo sobrenatural.

Ojos de Serpiente es lo que en francés se llama "tour de force", y que es difícil de traducir al castelllano. Primero, un largo plano secuencia de 20' donde hay un crimen en un lugar cerrado, con miles de testigos y cámaras cinematográficas, y nadie sabe quién fue. Luego, un detective chanta y venal que reconstruye, con relatos de testigos, lo que pasó (un gran trabajo de Nicolas Cage). Y finalmente, tres acciones paralelas, a puro suspenso (una pelea, un probable asesinato, una tormenta) que se combinan para cerrar una conspiración también política. Pocas veces el cine mostró tantos recursos al mismo tiempo.

Y Misión a Marte es, literalmente, una obra maestra. La historia de un grupo de astronautas que va en busca de una misión varada en el Planeta Rojo, narrada como una aventura de conquista con el aliento épico y al mismo tiempo íntimo de John Ford, sin apresuramientos, es de lo más bello y esperanzador de De Palma (claro que para que haya esperanzas hay que irse a otro planeta, como en el final de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, que un poco inspira a estos personajes). Misión... tiene una puesta en escena monumental en su simetría y precisión, y muestra que Tim Robbins puede hacer de hombre común y valiente si se lo dirige como la gente. La única, además, que se puede ver con chicos.

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