Comencemos por la módica efeméride: esta semana Disney+ estrenó en YouTube el trailer de Moon Knight, una serie de superhéroes, parte del Universo Cinemático (dejemos de lado el término "cinematográfico") de Marvel, una de sus propiedades. Protagonizada por Oscar Isaacs, es la historia de un hombre con poderes provenientes de un dios egipcio que además padece de trastorno múltiple de personalidad. Lo interesante es que se trata del primer personaje del MCU que nace directamente en la plataforma on demand de la firma. La serie se verá en marzo.

Sigamos por lo que sucede al final de Spiderman: sin regreso a casa. Después de los títulos, la película lleva adosado el trailer de Dr. Strange y el Multiverso de la locura, y comienza con el encuentro entre Strange (Benedict Cumberbatch, probable ganador del Oscar este año) con Wanda (Elizabeth Olsen). Ella menciona lo que hizo en el pasado y Strange aclara: "no vengo a hablar de Westview; ¿qué sabes del multiverso?". Westview refiere a la serie WandaVision, de Disney+. El Multiverso es un concepto que se vio en la serie What If...? y se utilizó en Spiderman. Spiderman, dicho sea de paso, no es propiedad de Disney sino de Sony. Podemos ir más allá: en Hawkeye, el villano mayor es Kingpin, personificado por Vincent D'Onofrio, salido directamente de Daredevil, una de las series que Marvel hizo para Netflix hace unos años. De paso, Daredevil/Matt Murdock, personificado como en la serie por Charlie Cox, aparece como abogado de Peter Parker en Sin camino a casa.

En 2021, Disney liberó en su plataforma cinco series Marvel (WandaVision, Falcon & el Soldado de Invierno, Loki, What If...? y Hawkeye) y estrenó con atraso tres películas: Black Widow, Shang-Chi y Eternals. La lógica: personajes nuevos en cine, personajes conocidos en series. Moon Knight rompe esa regla y Multiverso de la locura, también. Pero todo forma parte de un mismo entramado y, como más de una vez han explicado los productores de Marvel -especialmente el principal, Kevin Feige- todos los pasos que se dan con series y películas están pensados sobre un tapiz único. Aunque Spiderman no forma parte por cuestión de derechos, también se coordina con Sony en ese caso.

El trabajo de Disney- Marvel es un ejemplo de algo que tenemos que mirar con atención: la integración de todo el audiovisual en un solo continuo. La clave es que las series -o lo que hoy llamamos "series"- tienen una narrativa más parecida a la novela. Se pueden ver episodios como capítulos, hay más tiempo para desarrollar tramas y subtramas, tienen mayor densidad en detalles. Es decir, se parecen también más a las películas: el sistema y la tecnología permiten "parar" la visión en cualquier momento y continuar desde donde se detuvo. De hecho, cabe pensar si las películas no se "contagian" de las series, sobre todo las de gran presupuesto.

En efecto: en lugar de contar una aventura suelta de un personaje, las películas se han vuelto más largas, con más alusiones a otras películas y series. No es algo nuevo: es una tendencia que nació en la historieta -DC con la Liga de la Justicia en 1962, Marvel con Los 4 Fantásticos en 1964- y permitía vender muchas revistas y, más tarde, merchandising. La tecnología en las últimas tres décadas, más el éxito comercial (hacen falta estrellas, queda claro), permitieron lo mismo en el audiovisual.

¿A dónde vamos con esto? A que uno de los futuros más que posibles para el cine y las series consiste en que la diferencia se disuelva y que ambos modos estén relacionados y, sobre todo, normalizados. El verdadero negocio no es la historia, sino los productos derivados de ella, sean juguetes, vestimenta, productos alimenticios, e incluso atracciones en parques temáticos (que fueron, hasta la pandemia, la principal fuente de ingresos de Disney). La compra de marcas o empresas de contenidos por parte de firmas como Netflix vienen por allí: tener marcas que puedan normalizarse y en las que se puedan retroalimentar los contenidos de plataforma con los de cine.

Es probable, entonces, que el cine de gran presupuesto, en la práctica el único que sostiene hoy el negocio de las salas, se vuelva subsidiario de lo que ocurra en las plataformas. Si hace algunas décadas la televisión era algo así como la "clase B" del audiovisual (era muy difícil para una estrella de la pantalla chica pasar a la grande), hoy la existencia del on demand permite la supervivencia de los cines. Si esto progresa, todo cine de gran presupuesto será subsidiario de una miríada de productos realizados para consumo hogareño. Y el cine que no forme parte de este sistema, recorrerá circuitos más similares al teatro independiente, se realizará con menos presupuesto o pasará, directamente, a plataformas. La idea básica es que exista un solo continuo para el negocio audiovisual, de múltiple acceso (desde el celular a la pantalla IMAX) y cuyos productos se amortizan de muchas formas diferentes. El cine, como lo conocimos, ya no será más. 

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