Clinton Eastwood Jr., conocido como Clint Eastwood, actor, director y astro cinematográfico de Hollywood, el que se hizo famoso a través de los “spaghetti western”, fue Harry el Sucio en varias películas y personificó al galán maduro de “Los puentes de Madison”, cumple sus 90 años este domingo 31 de mayo.

Personaje admirado por su labor artística y cuestionado por algunos sectores en función de su pensamiento conservador –que suele colarse en los filmes que escribe y dirige-, goza de una indulgencia, aun en sectores opuestos a sus posturas, que es fruto de un innegable carisma y de la importancia de su obra, en varias ocasiones premiada con el Oscar.

Películas de Clint Eastwood que tenés que ver

“El regreso del monstruo” y “Tarántula”

de Jack Arnold

Otra de la película más famosa fue “Francisquito en la armada”, de Arthur Lubin, secundando de muy lejos a Donald O’Connor. Además probó suerte en la TV en las series “La llamada del Oeste” y “West Point”, donde los productores apreciaban sobre todo su rostro inconfundiblemente varonil y su 1,93 de altura.
 
Además, tuvo que viajar a Europa, donde el italiano Sergio Leone estaba inventando el “spaghetti western”, que se rodaba entre escenarios españoles de Andalucía y estudios romanos, para llamar la atención de la industria a través de “Por un puñado de dólares” (1964), “Por unos dólares más” (1965) y “Lo bueno, lo malo y lo feo” (1967).
 


En esas películas, rodadas en inglés, participaban actores como Gian Maria Volontè, Klaus Kinski y Eli Wallach, que tenían su prestigio ganado aunque sin haber llegado a roles titulares, pero la crítica europeizante de la época las veía más como espectáculos de matinée pese a que la respuesta de boletería fuera excelente.
Gian Maria Volonté y Klaus Kinski 


La clave era imitar en lo posible a los clásicos de Johnn Ford o William Wellman en escenarios que se suponían Arizona o Colorado, pero los niveles de violencia eran mucho mayores que en esos casos –apoyados por primeros planos y el uso del “zoom” en escenas muy cruentas-, en tanto la banda sonora se salía de lo clásico y enfilaba hacia las sensualidades creativas de Ennio Morricone.

Esa intención mimética llevó a que algunos actores y directores cambiaran sus nombres por otros más acordes al género: Giancarlo Giannini se transformó en John Charlie Johns, Lisa Gastoni en Jane Fate, Giuliano Gemma fue Ringo Wood e incluso Montgomery Wood, y los directores Umberto Lenzi fue Humphrey Humbert, Franco Prosperi fue Robert Bohr y Sergio Corbucci se transformó en Gordon Wilson Jr.

En ese ámbito plebeyo, Eastwood impuso su figura innegablemente atractiva, de pocas palabras, con sesgos heroicos aunque misteriosos como para dejar al público siempre en la duda, y de esa composición fue también responsable el director Leone, tan solo reivindicado a partir de “Érase una vez en América” (1984), su última película, por críticos que no habían observado que detrás del chisporroteo había un creador.

Clint Eastwood


Aquella “trilogía del dólar” le sirvió al actor, ya en Estados Unidos, para elevar su imagen y su cachet, sobre todo cuando se asoció al director Don Siegel en títulos como “Mi nombre es violencia” (1968), “Los buitres tienen hambre” (1969), “El engaño” y “Harry el Sucio” (1971), que tuvo cuatro secuelas dirigidas por otros.

Trilogía del Dólar