Drag me to hell

Sam Raimi es un experto en combinar el horror y la comedia física desde su opera prima Evil Dead. Después de varias películas grandotas (ejemplo, su precuela de El mago de Oz), volvió al origen con Drag me to Hell, un cuento maldito de una chica ambiciosa que maltrata a una vieja gitana y se gana una maldición. Solo la secuencia de pelea entre gitana y chica ambiciosa es una joya de la comicidad física, una combinación de Los Tres Chiflados y Buster Keaton. El resto de la película también vale, y es un excelente retrato de ambición económica tratado a latigazos de ironía. De lo mejor del director de Darkman y Spider-man.

Aterrados

Es raro que en la Argentina no se haya desarrollado un cine de género, especialmente el terror. De todos modos, parece que la ausencia se va llenando, por ejemplo con esta muy buena película de Demián Rugna (escrita, dirigida, montada y musicalizada por él, de paso) sobre raros eventos paranormales en un suburbio de Buenos Aires, que culminan en una confrontación muy a lo Carpenter entre el bien y el Mal absoluto. Gran timing para el susto, y mucho más que sustos: un verdadero prodigio de clima y economía narrativa. Por algo tendrá una remake estadounidense. 

La leyenda del jinete sin cabeza

Una de las películas menos apreciadas de Tim Burton, pero también clave en su filmografía. Adaptación sui generis de Sleepy Hollow, el cuento de Washington Irving, este cuento de venganza familiar en los EE.UU. del siglo XVIII no solo es un prodigio de terror (a veces muy políticamente incorrecto) sino también un melodrama perfectamente diseñado. Los momentos gore del filme combinan humor y horror, y en el fondo se trata, como siempre en el mundo Burton, de amores imposibles entre freaks y marginados. 

No respires

Tres jóvenes entran a robarle un fabuloso botín a un ciego. Pero el ciego fue un marine, sabe moverse sin luz y tiene un sentido del oído de una agudeza fenomenal. Así que pronto son tres jóvenes prisioneros de un monstruo que, para colmo, tiene sus propios motivos para no dejarlos salir. Con una notable economía de recursos, el filme logra crear una sensación de angustia y vértigo que no se detiene nunca, y llega finalmente a una lucha entre malos y peores. Originalidad pura.

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Leonardo Desposito

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