Ben-Hur

Ben-Hur es una de las mayores ganadoras del Oscar, empatada con Avatar y El Señor de los Anillos-El retorno del Rey (12). Pero además de las aventuras, la carrera de cuádrigas y la batalla naval, la historia de un prícipe judío hecho esclavo por Roma y contemporáneo a Jesús es un ejemplo de cómo, en plena Guerra Fría, Hollywood abrazó la religión por la vía del espectáculo. Por cierto, este filme de William Wyler sigue siendo efectivo y, por momentos (que no son pocos, dura casi cuatro horas) excelente. Charlton Heston tiene la estatura de un monumento, dicho sea de paso (y se puede comparar, está en YouTube, con la versión de 1924).

Espartaco

Y ya que estamos con los romanos, vamos. Poco después del éxito increíble de Ben-Hur, todos se lanzaron a las togas, entre ellos Kirk Douglas, que produjo Espartaco. Comenzó a dirigirla Anthony Mann, pero hubo problemas (serios) y el filme sobre el esclavo que genera una rebelión de oprimidos contra Roma pasó a manos de Stanley Kubrick. Es su película "más Hollywood" y, de paso, la película "más Kubrick" que el Hollywood post-clásico pudo permitirse. Por debajo, la relación entre Laurence Olivier y Tony Curtis es de un homoerotismo notable.

Dr. Zhivago

Si nos guiamos por esa obra maesta que es Palombella Rossa, esta es la película favorita de Nanni Moretti. Cuenta la historia de un médico al que, desde comienzos de la Revolución Rusa hasta el advenimiento del estalinismo en la URSS le pasa de todo: se enamora, pierda a una mujer, se casa con otra, reencuentra a la primera, lo ponen preso, lo sacan, pelea con armas, salva vidas. El filme de David Lean sobre la novela de Boris Pasternak no puede resumirse. Y dura más de tres horas y no aburre.

El Señor de los Anillos

Aunque HBO Max NO tiene la versión del director (¿para cuándo? Las plataformas son ideales para eso...), la versión "normal" es un ejemplo de cómo adaptar un libro. Mejor dicho: de cómo transmitir de modo personal lo que a uno le gusta de un libro que quiere mucho. Peter Jackson no solo se abre camino por un mundo inexistente lleno de nombres, razas y lenguas, sino que lo hace comprensible y hasta corrige defectos (a veces serios) del libro. Un clásico, además, de la aplicación de la tecnología al espectáculo.

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