Varias veces en esta página les recomendamos películas, cortos y series de animación con la coartada de "acompañar a los chicos", aunque estamos completamente convencidos de que son obras que se pueden ver por sí mismas. Es más: si solo fueran para chicos, serían pueriles y no valdrían la pena. La mejor animación es aquella que aprovecha la enorme plasticidad del medio para contar cualquier cosa con cualquier tono y no se autoimpone barrera por edades. Lo que, paradójicamente, es lo que produce mejores "películas para chicos".  Pero amigos, en esta ocasión queremos recomendarles filmes animados que los chicos no deberían ver. Porque sí, también el género -repitamos: infinitamente plástico- ha dado lugar a algunas películas que permiten la sátira, el erotismo, la violencia y la experimentación a límites que la imagen "en vivo" no permite, y dedicarse solo al espectador maduro.

Empecemos por un clásico, Fritz, the Cat. Es la traslación a la pantalla de la clásica historieta underground de Robert Crumb, adaptada por Ralph Bakshi en 1972. En la Argentina, curiosamente, se estrenó sin censura en ese breve interregno de 1973 a 1974 en el que tal cosa se relajó. Narra la historia de un gato en un mundo de animales humanizados (la parodia del "cartoon" clásico, digamos) que tiene como únicos intereses ser famoso, drogarse, beber y tener sexo con cuanta animalita le pase por al lado. Crumb odió la adaptación, pero aún hoy es de una gran creatividad y llega a cimas psicodélicas que muy pocos filmes han logrado. De paso, si mira hasta los títulos finales, que consiste en fotos y no dibujos, aparece una con el afiche de la actuación de Sandro (nuestro Sandro) en el Madison Square Garden. Rareza nomás.

Diez años más tarde y mucha tecnología mejorada en el medio, llegó la canadiense Heavy Metal. En realidad, Heavy Metal era una revista de cómics para adultos, de terror, ciencia ficción y fantasía, hecha a imagen y semejanza -y licencia- de la francesa Métal Hurlant. Gerald Potterton, uno de los animadores del clásico Submarino Amarillo, más el productor Ivan Reitman (el director de Los Cazafantasmas) adaptaron una serie de relatos de la revista, que van desde lo paródico (Den) hasta lo terrorífico (B-29), pasando por lo épico (Taarna) y lo cómico (Capitan Sternn). Como rareza -otra vez, argentina- el recientemente fallecido Juan Giménez fue el responsable del fragmento "film noir" de la película, con un taxista, una chica y una joya extraña. Hay mucho sexo, muchísimo rock'n'roll (Cheap Trick, Stevie Nicks, Black Sabbath, Blue Oyster Cult, Donald Fagen) y una creatividad ilimitada, sin computadoras.

La más adulta de las películas de Miyazaki es, sin dudas, Princesa Mononoke. Que narra la caída de la civilización tradicional japonesa con la introducción de las armas de fuego, pero también otras cosas, en clave mística y épica a la vez. Pero su violencia, las sutilezas de su narración novelesca con muchos personajes y su tratamiento realista de las relaciones entre los distintos caracteres -además de cierta crueldad- la hacen demasiado difícil de manejar para chicos por debajo de los 10 años, si bien no hay imágenes ofensivas que impidan que la vean. Está totalmente pensada para adultos, los que pueden disfrutar de los múltiples temas que toca y comprender algunas secuencias, como el de las geishas devenidas operarias en una fragua. Por lo demás, es pura poesía

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Una italiana interesante es Allegro Non Troppo, una parodia de Fantasía donde cada segmento de música clásica es traducido en un corto animado. Aunque tiene suficiente humor como para hacer reír a cualquier edad, hay momentos (la irónica mirada sobre la vejez del Preludio a la siesta de un fauno, de Debussy, o la violenta ilustración del Bolero de Ravel con la evolución humana) que solo son para espectadores maduros. Sigue siendo, a casi cincuenta años de su realización, de lo mejor que se hizo en la animación europea.

Y finalmente, una obra maestra del comienzo de este siglo, una película que es al mismo tiempo la más desesperada proclama por un mundo más justo y tolerante y la mas tremenda cantidad de ofensas políticamente incorrectas jamás proferidas por la pantalla. Es South Park, la película o South Park, Bigger, Longer & Uncut. Formalmente, es un musical que parodia a las películas musicales de Disney. Narra la guerra entre los EE.UU. y Canadá por una película para chicos llena de chistes de pedos y malas palabras. Y finalmente se carga a los militares, a la sociedad, a la corrección política y a todo lo que se ponga en medio. De hecho, además de nueve canciones geniales, hace que el personaje más tierno, comprensivo y humano de todo el conjunto sea Satán, que vive una relación conflictiva en el Infierno con Saddam Hussein, su amante, y está condenado solo por ser gay. De hecho, la canción que interpreta, parodia de otra de El jorobado de Notre Dame, es de lo más "en serio" que tiene esta película que bate el récord mundial de la palabra "fuck". No solo eso: su enemigo es la MPAA, la entidad que pone las calificaciones y es capaz de condenar un pezón y permitir un descuartizamiento en la misma pantalla, siempre escandalizada porque nadie use una mala palabra. Filme imprescindible y animadísimo.

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Leonardo Desposito

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