El Conde Drácula renace una y mil veces. Steven Moffat y Mark Gatiss, los responsables detrás de la exitosa serie Sherlock, protagonizada por Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, sucumbieron a la tentación de llevar a la pantalla este clásico de clásicos que parece multiplicarse en versiones por toda la eternidad.

Son tres capítulos con registros que van del terror gótico a la novela policial

Como en la anterior propuesta, en la que también se enfocaron en un personaje literario, claro que mucho más terrenal, la fórmula tiene ingenio, transgresión y toques modernos que, en este caso, no convencieron a todos los seguidores fieles de la historia. Sin embargo, reboza de elegancia, frescura y audacia.

La serie de BBC One y Netflix, que fue estrenada hace algunos días, está dividida en tres episodios de algo más de una hora de duración. Son casi como films en sí mismos, que tienen continuidad (y final en suspenso del estilo cliff hanger como corresponde) pero también cierta independencia en estilo y contexto situacional. Aunque los ingredientes están presentes en todos los casos, en el primero predomina el condimento de terror gótico, en el segundo el enigma al estilo de las novelas de detectives (está claro que a los directores les gusta el género) y el tercero es el más rupturista, y el más flojo.

No podía faltar a la mezcla un poco del más puro humor inglés, que muestra al más famoso de los vampiros repleto de sarcasmo. Un rasgo muy disfrutable que los directores -que también trabajaron en Dr. Who, otro clásico británico- logran hacer sintonizar con el horror. "Sos lo que comés", advierte el personaje como si fuera un slogan de buen vivir y bromea "no sé por qué la muerte escandaliza tanto a los mortales". En su fórmula, esta nueva versión podría haber bebido de incursiones vampíricas como las de Polanski o la más reciente de Jarmusch.

La monja Agatha encarna al personaje de Van Helsing. Es uno de los hallazgos de la propuesta. Está interpretada con maestría por Dolly Wells

Si bien algunos pasajes se mantienen bastante fieles al libro de Bram Stoker de 1897, hay también cambios drásticos, casi revolucionarios. Varios medios lo describen como un intento de acercar la historia a las nuevas generaciones. Entre las diferencias, algunas entusiasman más, como un Drácula que se manifiesta bisexual, y otros no tanto, como el rol al que quedan relegados ciertos personajes como Lucy y la propia Mina (hasta el propio Drácula define a Mina como "insípida, sin gusto").

Uno de los cambios más revolucionarios fue transformar al Profesor Van Helsing en una monja. Pero no es una monja cualquiera sino, tal como la describen los responsables de la serie bromeando, una "monja atea". Interpretada magistralmente por Dolly Wells es una apuesta arriesgada y un gran hallazgo. Logran una dupla inteligente, oscura e irónica con el Drácula interpretado por el danés Claes Bang (a quien vimos en The affair y The Square). La hermana Agatha será quien, como un detective, busque desentrañar el acertijo que representa esta criatura maléfica, amante de la sangre y las tinieblas.

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