Probablemente el 11-S sea el día que todos recordamos íntegro: dónde estábamos, qué hacíamos, cómo nos enteramos de la caída de las Torres Gemelas, cómo seguimos el atentado. Ese día, terroristas de Al-Qaeda secuestraron cuatro aviones y los estrellaron dos en el World Trade Center de Nueva York, uno en el Pentágono y el cuarto, por valor de los pasajeros, cayó sin alcanzar su objetivo, la Casa Blanca en Washington D.C. Veinte años -sí, ya veinte años- más tarde, es probable que hayamos olvidado la mayoría de los días que siguieron, pero no ese. Y veinte años más tarde, no hay ninguna película realmente memorable que haya podido reproducir el atentado: casi todas son laterales al hecho, narran sus consecuencias o alguna anécdota al respecto. La razón: no hay ninguna posibilidad de que las reproducciones de aquello que pueda imaginar Hollywood eclipsen siquiera las múltiples imágenes reales del hecho. 

Es cierto que eso generó una nueva iconografía. Comparen la película donde se rompía todo (Día de la Independencia, 1996) que mostraba la Casa Blanca o el Capitolio hechos bolas de fuego, con la imagen de destrucción de Guerra de los Mundos, versión Spielberg (2005. en HBO Max) con su Tom Cruise cubierto de cenizas y mampostería, como los que huían del WTC aquél once de septiembre. Por eso, salvo Las torres gemelas (en Netflix y HBO Max), la película de Oliver Stone que en realidad cuenta la historia de dos rescatistas en el lugar, no hay reconstrucciones pero sí marcaron el cine en un sentido mucho más amplio de lo que parece.

Así, las mejores películas sobre el asunto son menos espectaculares -Hollywood, créase o no, es pudoroso con los grandes dramas americanos- y van por las consecuencias del asunto. La mejor es, por lejos, La noche más oscura, de Kathryn Bigelow, que narra los doce años que una agente de la CIA -Jessica Chastain, extraordinaria- usa para encontrar y finalmente asesinar a Osama Bin-Laden. El filme, disponible en Star+ y Netflix, no solo es puro suspenso, sino que además cuenta -como todas las películas de Bigelow- una obsesión absoluta, la que lleva a ese personaje (que, sabemos, en su vida lo único que ha hecho es perseguir a Bin Laden desde la adolescencia) hasta el límite. Además es una película cruda y, por suerte, amoral: deja al espectador la decisión de lo que está bien o mal.

Antes de Las Torres Gemelas, ya mencionada, Oliver Stone hizo un filme poco apreciado en su momento: W. Esa letra es la que diferencia a George Bush (padre) de George W. Bush, el hijo y el que tuvo que tomar todas las decisiones desde el atentado. Aunque Stone, por momentos, decide burlarse de un personaje que no carecía de aristas para la chacota, logra mostrar -gracias a la gran interpretación de Josh Brolin- que hay un hombre pequeño que tiene el deber de volverse grande ante un hecho absolutamente extraordinario. Al final, termina siendo una película respetuosa.

Hay un pequeño -por la duración- documental en HBO Max llamado A las sombras de las torres: El 11 de Septiembre en Stuyvesant. Es simple: imágenes y testimonios. Pero está narrado por quienes entonces eran los chicos que iban a una secundaria a cuatro cuadras de las Torres. Resulta revelador no solo por lo que narran sino por esa cuestión espinosa de cómo la Historia se cruza con la vida cotidiana, cómo impacta algo imposible en lo que hasta entonces era una rutina. En ese sentido, es un trabajo único.

Quizás, también en la misma vena, entre lo mejor sobre el atentado en sí esté Vuelo 93, de Paul Greengrass. Greengrass es un muy buen director a quien sobre todo se lo conoce por sus dos películas de la trilogía Bourne, pero como hombre formado en el documental, tiene la habilidad de usar encuadres y formas de registro que recuerdan la manera como miramos realmente las cosas, lo que crea una identificación inmediata. El filme cuenta cómo los pasajeros del vuelo que no llegó a su objetivo se rebelan contra los secuestradores y, finalmente, entregando sus propias vidas, logran un acto heroico. La sensación de realidad de la película es lo que la pone por encima de cualquier otra. Está en Netflix.

Finalmente, acaba de estrenarse en Netflix ¿Cuánto vale una vida?, una película muy interesante. Se trata de las personas que tuvieron que calcular cuánto debía pagarle el Estado en compensación a los familiares de las víctimas, y cómo se estableció ese monto. Pero sobre todo, la película analiza cómo esas personas eran, más que un número, una historia, una familia, una forma de vida, etcétera. Las actuaciones de dos tipos impresionantes como Michael Keaton y Stanley Tucci le dan cuerpo y emoción a una serie de especulaciones que exceden el marco de lo político para entrar en lo filosófico y, sobre todo, en lo moral. Probablemente la manera más inteligente y sobria de hablar de esa tragedia.

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