Hay que admitir que su título no atrae demasiado, pero lo cierto es que El desorden que dejas es un producto más que recomendable para quienes gustan de las historias intensas y no demasiado largas.

A lo largo de ocho episodios, esta adaptación de la novela homónima de Carlos Montero publicada en 2016 sostiene el suspenso y sabe incrementarlo en la dosis justa para que el final sea a todo trapo.

Raquel (Inma Cuesta) atraviesa un momento difícil en lo anímico. Afectada por la muerte de su madre, una mujer dominante que la atormenta aún en sus pesadillas, pelea por mantener a flote su matrimonio con Germán (Tamar Novas).

Nada es fácil: su marido tiene problemas con las drogas y no trabaja hace dos años, ella misma está "en el paro" como dicen en España y el horizonte se ve difuso. Pero un posible comienzo de solución aparece, y la protagonista nunca adivinará que lo que le espera es aún peor.

Con el pie izquierdo

Ella es profesora, y acepta un trabajo como reemplazo en Literatura de una escuela secundaria, en el pueblo de origen de su pareja. Decidida a salir de a poco del pozo, Raquel empieza su nueva labor con esperanzas que pronto se diluyen.

Los alumnos del curso son hostiles, violentos, y sobre ellos recae el dolor de la muerte reciente de la titular de la cátedra, Viruca (Bárbara Lennie). La presencia intangible de su predecesora se torna insoportable para Raquel, que pronto advierte cosas muy extrañas en la relación que Viruca tenía con un estudiante en particular, Yago (Arón Piper, de la popular Elite).

Intentando infructuosamente estar a la altura de la docente fallecida en circunstancias sospechosas, Raquel comenzará una investigación sobre la verdad que le llevará a lugares peligrosos. 

A través de la narración en dos tiempos, vemos hechos relevantes en la vida de ambas que irá entrelazándolas más allá de la muerte.

Inma Cuesta, la docente reemplazante.

Pueblo chico, infierno grande

"Aquí todos se conocen" repiten algunos de los personajes de esta historia que planta constantemente nuevas dudas que a la vez son pistas, para luego echarlas abajo. La familia de Germán es un problema extra para Raquel, ya que la reunión con ellos reaviva rencores y dolores.

"La volvieron loca y se suicidó" le cuentan sobre Viruca. ¿Es posible que un par de adolescentes puedan hacer tanto daño a un adulto que además es su profesor? La recién llegada pronto percibe que sí, que está en un nido de jóvenes serpientes. Sin embargo, nunca nada es lo que parece.

Descubrir quiénes son las víctimas y quiénes los victimarios será una tarea ardua para Raquel, y se cobrará un precio muy alto. Pero la feliz noticia es que, una vez resuelto el caso, aquí no hay final rosa sino una saludable cuota de realismo que hace justicia a una trama bien contada.

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