Uno de los lanzamientos más importantes de Netflix en esta temporada fue cancelado casi sorpresivamente. Se trata de la serie El legado de Júpiter, una gran producción de superhéroes basada en un cómic de Mark Millar. Los ejecutivos de la firma comunicaron que "liberaban al elenco de cualquier compromiso" con el show, lo que básicamente se traduce en "se acabó la serie", aunque también se anunció que lanzarían Supercrooks, otra serie que se desarrolla en el mismo universo de El legado...

Según todas las fuentes, la serie de ocho episodios costó la friolera de 200 millones de dólares. Y si bien arrancó como lo más visto en su semana de estreno en cualquier plataforma (696 millones de minutos de visionado desde el 3 de mayo, superando la nueva temporada de El cuento de la criada por seis millones), no fue suficiente: el problema básico es que no creó el impacto suficiente. El negocio de Netflix es cantidad, hoy, dado que carece de las marcas que tienen per se HBO o Disney, e instalarlas es difícil. Se sabe rápido.

En 2017, Netflix compró por 50 millones de dóalres Millarworld, la empresa de cómics del dibujante Mark Millar, veterano de DC y Marvel (creó nada menos que la Civil War original), y que ha logrado llevar a la pantalla creaciones propias como Kick-Ass, Kingsmen y Se Busca. La idea: introducirse en el negocio de la propiedad intelectual, el más rentable en realidad. Esta primera experiencia se convierte también en el primer fracaso de la firma (que ha logrado instalar, por ejemplo, Stranger Things, creación propia). Pero es más gravosa en otros términos: pone en cuestión la estrategia de contenidos de Netflix, que anunció inversiones al respecto por 17.000 millones de dólares para todo 2021.

El problema mayor es que El legado... debía ser el primer paso en una estrategia de contenidos relacionados a la manera de Marvel, directo competidor designado si se tiene en cuenta el nombre de Millar. Algo así como lo que hizo Marvel -en una apuesta a todo o nada- en 2008 con Iron Man (que salió bien, pero podría haber sido un fracaso rotundo y el final de la firma líder en historietas). Salvo por un punto importante: al menos en los Estados Unidos, todos sabían quién era Iron Man y Marvel había vendido marcas a Fox (X-Men) y Sony (Spider-Man). Aquí todo fue más esotérico, y el valor era Millar, no sus creaciones. El destino de esta estrategia queda indecidido.

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