En estos tiempos que la proliferación de series y plataformas nos brinda una gran variedad de productos, siempre es bienvenida una ficción que tome riesgos. Así se presentó “El legado de Júpiter”, de Netflix, con 8 episodios bastante irregulares pero sin embargo, una buena historia para contar.

Un poco de “The Boys”, otra pizca de “Watchmen”, sin llegar a la exquisita parodia violenta de la primera ni la oscuridad de la segunda. El cómic original de Millar (autor entre otras de “Kingsman” y “Kick-Ass”) plantea una duda realista en el universo fantástico de personas con superpoderes: ¿son los códigos morales del pasado útiles para la actualidad?

Sheldon y Grace Sampson (alias Utopian y Lady Liberty) son superhéroes desde 1929. Sí, en plena catástrofe del incipiente capitalismo en Estados Unidos con repercusión mundial, el suicidio del padre de Sheldon (Josh Dudamel) lo sumerge a él y su hermano Walt (alias Brainwave, interpretado por Ben Daniels) en una extraña aventura que culminará con este legado, este don de poderes necesarios para ayudar a que la humanidad encuentre su camino.

En aquel viaje que vemos como segunda línea de tiempo también sabemos que el grupo de los primeros súper se completaba con Fitz Small (alias The Flare), George Hutchence (Skyfox, ahora villano) y quien se deduce ahora es el temible Blackstar.

Súperpadres preocupados

El eje de la historia es cómo encaran los veteranos encapotados el necesario pasaje de sus responsabilidades y códigos de acción a la segunda generación de héroes. Parientes de los originales, los jóvenes no encuentran atractivo en los viejos cánones y advierten además que la virulencia en las calles actualmente nada tiene que ver con los “románticos” inicios de los “majors”.

Así es que se vive todo tipo de situaciones difíciles con los centennials heroicos. La mayoría cuestiona la máxima de Sheldon, el líder, de “no matar” ni liderar, es decir, no buscar poder a nivel político ni institucional. Los villanos de hoy asesinan por cualquier cosa, y eso pone en permanente tela de juicio las ideas ancladas en el siglo 20 del grupo fundador de la Unión de la Justicia.

El conflicto más importante se libra en la propia casa de los Sampson. El hijo y heredero, Brandon (alias Paragon) es un manojo de dudas propias y ajenas. Mientras sus contemporáneos rechazan las viejas ideas morales de su padre, él como sucesor se siente en la necesidad de defender aquellas normas, al tiempo que no se siente a la altura del legendario súper.

Brandon Sampson, el sucesor, entre el deber y las dudas.

Su hermana Chloe eligió el camino opuesto: traumada por la ausencia paterna durante toda su niñez, hoy reniega del legado familiar y transita el camino de los excesos, desperdiciando sus habilidades. Para colmo, está siempre al borde de pasarse del lado delictivo.

Lo bueno de "El legado de Júpiter"

-El planteo actualizado sobre la política y las democracias modernas, con sus problemas intrínsecos. La violencia en ascenso y la incapacidad de las instituciones judiciales y policiales de mantener segura a la sociedad.

-La mirada realista sobre cómo perciben el bien y el mal los "centennials", que heredaron superpoderes y ahora deben elegir entre honrarlos o forzar los límites.

-Walt es el personaje más complejo e interesante, con mayor recorrido en esta primera temporada y al que hay que seguir de cerca.

Lo no tan bueno

-Con un arranque prometedor, a mitad de serie sentimos que todo se vuelve lento. Hay minutos de más, sobre todo en la narración de 1929 que se extiende por 7 de los 8 episodios. Podría haberse resuelto en menos.

-Ese metraje dedicado al pasado le quita chances de profundizar sobre tramas que llaman la atención, como la de Hutch, hijo de Skyfox, que no conoce a su padre -exiliado de la Unión- y lo busca mientras se desempeña como líder de una banda delictiva.

-El final es un gran cliffhanger que funcionará si hay segunda temporada. De lo contrario, un verdadero "garrón". El resultado: entretenido a veces, otra menos, buenos planteos, resoluciones insuficientes. 

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