Los años 80 fueron de una creativas absoluta. El leit motiv de esa década que hoy se nos presenta casi como un paraíso perdido fue la mezcla de formas y de géneros en el cine, así como una tendencia a la sátira tanto en primer plano como larvada. Más allá del crecimiento de los efectos especiales, que fue notable a lo largo de esa década y de la sigueinte, lo nteresante de los 80 fue cómo parecía que el cine se hacía, se creaba y, al mismo tiempo, se reía de sí mismo. Algunas de las mejores películas de esa década notable están en Star+.

Una que muchos recuerdan pero no siempre: Enemigo mío. El alemán Wolfgang Petersen había saltado a la fama por El Barco, esa gran película de submarinos alemana que tuvo muchas nominaciones al Oscar. Luego -ecléctico como pocos- hizo La historia sin fin, y luego esta. Un humano (Dennis Quaid) y una especie de lagarto extraterrestre (Lou Gosset Jr.), después de una batalla entre especies terminan náufragos en un planeta desierto. Y lo que comienza como hostilidad, vira poco a poco a la necesidad de convivir para sobrevivir y, finalmente, a la amistad más pura. Sigue siendo una fábula de una potencia enorme que funciona en muchos sentidos, y combina el minimalismo actoral (su modelo es el clásico Infierno en el Pacífico, de John Boorman) con un despliegue sobrio y bello de los efectos especiales.

Que aparecían en una de las obras maestras de la década, E.T., de Steven Spielberg. Es una comedia, una película infantil, una de ciencia ficció, una fábula casi religiosa y una condena al Estado policial, todo al mismo tiempo, además de homenajear nada menos que a John Ford y Francois Truffaut al mismo tiempo. Pero lo importante de esta película de la que parece que está todo escrito, es que la acusación que se hace de "lacrimógena" se cae a pedazos cuando se la vuelve a ver. Es bastante "seca" y con muy pocos momentos de emotividad desatada hasta los quince minutos finales. También es el molde de todas las películas y series "de barrio suburbano con bicicletas", desde Volver al futuro hasta Stranger Things (sobre todo Stranger Things, claro).

Fuera del asunto "efectos", hemos hablado muchas veces de la enorme obra maestra -aún no del todo reivindicada por la crítica académica, que invariablemente llega tarde- de Duro de Matar, el tercer largometraje de John McTiernan. Lo más interesante y "ochentas" de esta irónica aventura de acción es que se trata también del cuento de gente encerrada en una casa con un monstruo suelto que los devora. Salvo que esta vez los malos son los que están encerrados y el monstruo es un pobre tipo con una pistola, descalzo y con un insulto en cada frase que se encuentra por casualidad con una toma de rehenes espantosa. Otro dato: más allá de ser el primer filme de acción de Bruce Willis (en un papel que le ofrecieron -y rechazó, como Indiana Jones, Tom Selleck), es el debut en el cine de Alan Rickman, que con su Hans Gruber creó el mejor villano del cine contemporáneo.

La mosca es un pico en la carrera del canadiense David Cronenberg, que hoy se tomó en serio (palabras de su colega John Carpenter a las que adherimos) pero entonces era un tipo salvaje. Aunque parece una película de terror en el que el científico interpretado por Jeff Goldblum experimenta horrorosamente con su propio cuerpo (puro Cronenberg), es en realidad un melodrama hecho y derecho donde el monstruo feliz por volverse algo fuera de la Humanidad trata de sostener un amor romántico con una mujer temerosa por su embarazo. Las cosas se vuelven bastante terribles en una película a la que no le faltan momentos de humor sardónico ni, finalmente, la famosa simpatía con el monstruo, la pasión imposible como en todo verdadero melodrama. 

Y vamos con el filme que lanzó -bastante antes que Terminator- la carrera de Arnold Schwarzenegger, o por lo menos que lo transformó de un campeón de físico culturismo a actor (aunque sí, convengamos, es muy de madera en esta película): Conan el bárbaro. Obra cumbre de John Milius -guionista entre otras de Tiburón y Apocalypse Now- toma las novelas pulp de Robert E. Howard y, en lugar de romantizar o estilizar a su héroe -un hombre primitivo criado brutalmente en un mundo donde aún existe la magia y todo se dirime con sangre y sexo-  en una figura mitológica, gigantesca. El paisaje desolado y bestial de la película es realmente bello.  pero la película va mucho más allá con su uso de la música de Basil Poledouris -que hoy es célebre- y su utilización de la violencia casi de modo poético. No se parece a ninguna película anterior ni posterior.

Nota Bene: probablemente, la mejor película sobre el trauma de Vietnam, sobre la maternidad, sobre la guerra, y sobre el amor sea Aliens-El regreso, tercer largo de James Cameron y el "film Alien" definitivo, muy superior en puesta, uso del suspenso, acción e invención que el original de RIdley Scott. Cameron demuestra que nunca filmó una película mala y Sigourney Weaver con una armadura de hierro luchando contra la Reina Alien es un momento definitivo de los ochenta.

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Leonardo Desposito

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