Madame Bovary es un mito además de ser una novela. En 1856, don Gustave Flaubert escribió la novela, que se publicó por entregas y fue un éxito. Pero las cosas no fueron tan simples para él: sufrió un juicio por obscenidad del que salió absuelto, claro. La novela de todos modos ingresó al Infierno. Quizás no sepan que el Infierno existe y tiene dirección. Está en la Biblioteca Nacional de París, en un subsuelo: es donde se colocaban los libros prohibidos, que se podía consultar bajo estrictísimas normas. De todos modos, Madame Bovary circuló sin demasiados problemas y, para muchos, es una de las grandes obras maestras de la literatura.

Si no lo leyeron (deberían, es muy divertido), tiene una doble trama. Por una parte, es el melodrama de una mujer insatisfecha que se casa con un pobre médico viudo de provincia y quiere pertenecer a una casta privilegiada. Hastiada de la mediocridad, tiene aventuras sexuales con dos hombres: un aprovechador galante bastante cínico y un estudiante que la va de romántico pero no es menos manipulador que el otro. Para tenerlos a sus pies, les hace regalos y se endeuda tremendamente. Y la única solución que le queda para que nada salga a la luz (el marido ni sospecha, claro), es suicidarse. Pero la novela no termina ahí, y sigue con lo que les pasa a todos los personajes.

La otra trama es más divertida: es una sátira de los discursos idiotas de la gente sin cultura, representada por el "anticlerical" boticario Homais, el estúpido cura con el que discute pero es igual que él, y el prestamista que es capaz de llevar a Emma Bovary a la desesperación. La propia protagonista es una idiota: su educación pasa solo por las novelas románticas de mala calidad y cree que ese mundo existe: Flaubert estaba pasando por la cuchilla a todos los escritores mediocres que entonces abundaban (¿entonces?). Pasan muchísimas más cosas, pero el problema del autor proviene de las infidelidades de Emma. 

Una de esas infidelidades se da durante una feria provincial y es una genialidad literaria: Emma está en un balcón mirando la entrega de premios mientras su primer amante avanza de manera impúdica sobre ella. Flaubert combina metafóricas descripciones del avance sexual con los discursos de la feria del tipo "Primer premio al mejor chancho". Otra ocurre en un largo paseo en un carruaje, y la descripción de cómo se mueve el vehículo es bastante indicativo de lo que pasa dentro. Los jueces de la moral de entonces no eran tan tontos como para no darse cuenta y las apasionadas lectoras de este folletín falso, tampoco.

Muchas veces la película fue llevada al cine. En ocasiones, redimiendo a Emma (las versiones de Vincente Minelli, la argentina de Carlos Schliepper y una versión italiana muy sexy con la diva Edwige Fenech, del 69). En otras, fiel a la letra (la de Claude Chabrol con Isabelle Huppert, o la de los años 30 de Jean Renoir). Y, por supuesto amigos de esta página cachondísima, hay versiones porno. ¿Por qué creían que mencionamos este libro?

Sí, se hizo muchas veces en XXX, pero la más interesante por muchas razones es Woman in Love: A Madame Bovary story, producción estadounidense de 1979 dirigida por Kemal Horulu, con estrellas porno importantes como Vanessa del Río y Samantha Fox. Es la historia de un ama de casa un poco aburrida que vive con un esposo bueno y honesto que se mata trabajando. Pero después de que un musculoso plomero intentase abusar de ella, aparecen en su cabeza fantasías y deseos que trascienden la paz de la vida familiar. Es entonces cuando empieza lo que nos importa.

El filme tiene el habitual crescendo de secuencias pornográficas, especialmente bien filmadas. Hay de todo tipo y color, desde el lógico uno a uno hasta la orgía, pasando por el casi obligatorio sector lésbico y el trío. Pero en ningún momento se descuida el drama interior de la protagonista: dar rienda suelta a sus deseos o a lo que ella imagina que será placentero a espaldas de la vida gris que la rodea y que, de algún modo, ha elegido.

Como en casi todo el cine burgués de los años setenta, la película condena el asunto de "trabajar mucho, gozar poco". Hay que recordar el contexto de relajación de tabúes que siguió tanto a Vietnam como a Watergate, y cómo en esa década estalló casi definitivamente la revolución sexual. No había de qué preocuparse porque el sexo se había independizado de la reproducción. Por cierto, esto causó luego un reflujo neoconservador con Reagan y se agravó en ese sentido con la aparición de HIV. Pero estamos justo en la frontera entre ambos momentos históricos.

Las mujeres de la película parecen adultas y se comportan como adultas. Esto también es algo en lo que se difiere mucho no solo del porno actual, sino del que comenzó a producirse en los años ochenta, video mediante. Era absolutamente necesario que fueran personas adultas porque de lo que se trataba era de cómo el paso del tiempo, las costumbres, el universo laboral, las relaciones, la búsqueda del éxito, etcétera, minaban poco a poco el deseo de libertad (sexual, pero también general) de los "sometidos al sistema". Como en el libro de Flaubert, este filme pequeño y realizado al margen de la gran industria representaba una crítica de la burguesía retratando su propia intimidad.

Es decir: esto es una manera de reflejar, de modo contemporáneo, el "bovarismo". La pregunta que uno debería hacerse es si estas críticas son válidas. Hoy la sexualidad (y no solo la adulta) han alcanzado cotas de libertad bastante altas. Al mismo tiempo, también se ha tornado bastante trivial el sexo, lo que puede ser sano pero deja de lado el misterio y la seducción. Más allá de la obvia diversión erótica que una película de este tipo implica, es también una buena ocasión para hacerse algunas preguntas respecto de qué ha cambiado en nuestro mundo en este medio siglo. El filme se encuentra en servidores como Erogarga y vale la pena espiarlo.

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