Todos queremos a Tom Hanks por las películas que lo volvieron un actor "serio y célebre" desde los 90. Pero cuando ya había hecho una gran obra cono Quisiera ser grande, pero todavía estaba en gateras, hizo esta comedia producida por Steven Spielberg y dirigida por el especialista Richard Benjamin (Mi año favorito).

La historia de una pareja que se compra la casa de su sueños para reciclarla se transforma en una auténtica pesadilla donde cada elemento de lo cotidiano se vuelve motivo para la comicidad física y disparatada -sin contar personajes muy peculiares. Lo que hace Hanks con la voz y el cuerpo, sostenido en una gran Shelley Long, justifica su lugar en Hollywood tanto como sus trabajos más "dramáticos y serios".