Entre los grandes maestros alemanes de la historia del cine tiene un lugar muy destacado Friedrich Wilhelm Murnau. Quizás lo conozcan por su película más famosa, Nosferatu, de 1924. Tiene una historia divertida detrás: resulta que en realidad es la adaptación de Drácula, pero para no pagar los (carísimos) derechos de la obra, se cambiaron nombres y la acción pasó de Londres y Transilvania a la Alemania de fines del siglo XIX. Después es idéntica en todo sentido. Esa película, que tiene todo lo que un espectador moderno lleva a la desconfianza (es muda, es en blanco y negro, los actores hace muchas muecas, etcétera) sigue siendo terrorífica: desafiamos al más pintado a verla en trasnoche a ver qué pasa. Casi todos los procedimientos del terror -el de ayer y el de hoy- aparecieron en ese filme. 

Pero Murnau nos va a servir hoy para revisar una noción de nombre fran´ces que los críticos solemos usar muchas veces aunque sin explicarla: Tour de Force. Uno dice, por ejemplo, "el plano secuencia con el que abre Sed de Mal es un verdadero tour de force" o "Pacto siniestro, de Hitchcock, es un tour de force" y se queda recontra tranquilo, recostado en su uso preciso de una locución extranjera. El lector tiene dos alternativas: hacer como que entiende u, hoy -antes no-, buscar en Google. Vamos a ahorrarle el trabajo: en el Diccionario Panhispánico de Dudas de la RAE, dice que esta locución significa 'acción difícil cuya realización exige gran esfuerzo y habilidad' y 'demostración de fuerza, poder o destreza'. En el caso de Sed de Mal, Orson Welles narra con un movimiento de cámara complejísimo y largo, sin cortar ni montar, cómo se pone una bomba en un auto, cómo es un pueblo en la frontera entre los EE.UU. y México, y cómo la bomba estalla, además presentando a la mayoría de los personajes importantes de la película. En el de Hitchcock, parecido: toda la película "parece" transcurrir en tiempo real y en una sola toma, con ciertos trucos de montaje (la cámara pasa por detrás de una espalda y por eso se oscurece, lo que permite montar, etcétera).

En la mayoría de los casos, un "tour de force" está colocado para que un director pedante muestre lo hábil que es (por ejemplo, Iñárritu en casi todas sus películas), sin que importe que el procedimiento o la hazaña sumen algo al mundo o la trama de los personajes. Es un "mirá, mamá, filmo sin manos" para el aplauso filisteo. Pero en algunos casos, solo se puede rodar o narar mediante un tour de force. Es el caso de La última carcajada o El último de los hombres, de Murnau, que pueden ver en Qubit.TV. 

Veamos: Der Letzte Mann (título original) transcurre en una ciudad totalmente ficticia, aunque recuerda las Viena de principios del siglo XX. Tampoco la vemos demasiado: la historia transcurre básicamente en dos locaciones: un hotel de lujo y la casa de su portero, a la vez el protagonista de la película. Los carteles de la ciudad están escritos en un idioma inexistente, y no hay casi ningún diálogo. No porque sea una película muda, sino simplemente porque no los hay, no hay intertítulos. 

El protagonista, lo dijimos, es el portero del hotel interpretado por un gran actor, Emil Jannings, que también fue un gran tránsfuga, sobre todo por su amistad con los nazis: van a ver que aparece apenas en Bastardos sin Gloria, en la secuencia final. Jannings llegó a ganar un Oscar en los años 30 por La última orden, hizo varios clásicos (entre ellos El ángel azul, que lanzó a la fama mundial a Marlene Dietrich, y Fausto, de Murnau también). En esta película, el ufano portero, orgulloso de su uniforme, es degradado en su trabajo a limpiar baños y, finalmente, despedido. Ese uniforme lo es todo y el hombre primero finge seguir con su ocupación para, luego, caer en una constante degradación. Hasta que al final, de modo irónico y casi satírico (Murnau se reía de los "finales felices" forzados de cierto Hollywood), un golpe de suerte le produce la "última carcajda".

Lo importante es que todo se comprende sin una sola palabra y que Murnau coloca la cámara en un soporte que le permite moverla hasta rincones imposibles. Usa toda clase de trucos pero no para contar un cuento fantástico que requiere la aparición de los obrenatural sino para -he aquí el tour de force- "meternos" del modo más vívido posible no en la historia sino en la cabeza y las emociones del protagonista. Es decir: responde a la cuestión de cómo usar la técnica y lo puramente visual para narrar y mostrar aquello que pertenece al campo de lo más íntimo, de lo invisible. 

Jannings gesticula mucho menos que de costumbre, y cuando lo hace, Murnau lo coloca en un ángulo de cámara que lo vuelve más grotesco que creíble. Esta serie de procedimientos totalmente vanguardistas se da en una película para el gran público. Es decir -otro tour de force- lo que el realizador quiere no es precisamente mostrar cómo filma sin manos o la cantidad de firuletes que puede hacer con la técnica, sino comunicar algo totalmente inasible y ponernos a los espectadores en la insólita e incómoda situación de conmovernos y divertirnos a la vez con la desgracia del protagonista. Dicho de otro modo, somos él y somos aquellos que se burlan de él. Por eso la hazaña técnica es central: agrega formas e información y, salvo cuando pensamos en la película después de verla, pasa totalmente inadvertida.

Murnau se murió demasiado joven en un accidente automovilístico, cuando estaba comenzando su carrera en Hollywood (salto que pudo dar gracias, justamente, a La última carcajada). Llegó a rodar tres grandes películas: Amanece, El pan nuestro de cada día y la mayor parte del melodrama exótico Tabú, que terminó el documentalista Robert Flaherty (otro del que deberíamos hablar en alguna de estas páginas). Su veintena de películas es puro descubrimiento y ritmo, puro vértigo e ideas. Incluso más que las que tiene el (adocenado, repetido, poco audaz) cine de hoy.

Más notas de

Leonardo Desposito

Superhéroes: todas las películas confirmadas para 2022

Superhéroes: todas las películas confirmadas para 2022

Algunas películas que son "otra cosa" en HBO Max

Algunas películas que son "otra cosa" en HBO Max

Los árabes ponen barreras al amor de Amor sin barreras

Amor sin barrreras según Steven Spielberg

Los Globos de Oro o el premio "maldito" de Hollywood

El Globo de Oro no tiene a quién le importe

Cuatro grandes filmes de Tom Cruise para ver en Netflix

Tom Cruise en Misión: Imposible

El guardaespaldas, una gran película de contrabando

Kevin Costne y Whitney Houston en El Guardaespaldas

El precio de las entradas pesa tanto como el Covid en los cines

Salas vacías, nuevo problema global

Get Back: el evento que salva todo el 2021

Get Back, un milagro del documental

Los Gucci pelean contra La casa Gucci

La casa Gucci

Buen fin de semana en la taquilla global para films aún "en rojo"

Encanto, nuevo éxito de Disney