Hasta hace poco, la cantidad de producciones originales de Rusia a la que podíamos acceder era bastante limitada. Sin embargo, la industria del streaming está cambiando esa realidad y entre los buenos productos que ahora conocemos, figura Hacia El Lago (Epidemiya), estrenada en Netflix este mes.

La serie de 8 episodios dirigida por Pável Kostomárov y basada en la novela Vongozero, de la escritora rusa Yana Wágner, tuvo un costo récord para la plataforma en cuanto a ficciones de aquél país: 1,5 millones de dólares. Pero la inversión tenía asidero: Hacia El Lago se estrenó en Europa a principios de año y semanas después, el apocalipsis que presentaba se hizo palpable al estallar la pandemia de covid-19.

Un virus que afecta a los pulmones, provoca tos con sangre y afecta seriamente a los ojos se propaga en Moscú en cuestión de horas. Las primeras escenas del pánico se dan en una escuela, con niños aterrados y las fuerzas militares irrumpiendo en el lugar para intentar contener algo de lo que nadie sabe demasiado.

El paciente cero moscovita, una pequeña niña.

La capital es puesta rápidamente en cuarentena: nadie entra ni sale. Pero Seryozha (Kirill Käro), que vive en las afueras junto a su segunda esposa y el hijo de ésta -un joven con Aperger- decide de todas maneras aventurarse a sacar de Moscú a su hijo pequeño y su primera esposa.

Ante el desastre que se está desatando, el padre del protagonista (un ex KGB) aparece en su casa luego de muchos años sin verlo para explicarle que todos deben escapar inmediatamente. El destino: un viejo barco encallado en una isla de la helada y bella Carelia que él acondicionó como refugio.

Entonces, arranca la historia de supervivencia, en varios planos. El grupo debe huir del virus, que demuestra ser altamente contagioso, de la violencia civil y paraestatal que la situación de confusión desata en el país, y las desavenencias de la propia familia de Seryozha que parece salida de un culebrón mexicano.

Para colmo, al grupo se suma un vecino ricachón y pedante, con su problemática hija adolescente y su nueva esposa, embarazada, muy joven... y bastante insoportable.

Quizá este sea el punto flojo de una serie que tiene un arranque atractivo para los amantes del género survival. Hay demasiados problemas y enredos familiares que le quitan espacio a lo que queremos ver al fin y al cabo: infectados, persecusiones y algo de sangre.

Caos y abuso de poder pueblan las calles rusas.

Y sí, también están esas imágenes que hoy son parte de nuestra cotidaneidad: mascarillas, más pobreza y violencia en las calles.

El personaje de Käro tiene buen corazón pero sufre al tener que liderar ya que sus decisiones son tardías y muchas veces erróneas. Tironeado entre sus dos mujeres que se odian y obstaculizan hasta los pasos más simples durante el escape, tiene conflictos irresueltos con su padre y suele ser manipulado por su indolente vecino.

Kirill Käro es una figura famosa en Rusia, y aquí ya lo vimos en la muy recomendable Mejores Que Nosotros (Better Than Us) que también está disponible en Netflix y versa sobre los peligros de la alta tecnología en la vida cotidiana.

Stephen King recomendó esta serie en su cuenta de Twitter y destacó algunos puntos:

“Hay peste. Hay mucha nieve y frío (es Rusia, estúpido). Todo el mundo bebe vodka. Pequeña alerta de spoiler: el niño pequeño jode mucho”. Estamos de acuerdo en todo.

Hacia El Lago tiene un final abierto que promete segunda parte, e introduce un interesante factor político. Aún no se ha confirmado el rodaje de una secuela, pero la repercusión obtenida ofrece buenas chances.