Pierrot, el loco

"El feo más lindo del mundo", decían de Jean-Paul Belmondo, uno de los máximos actores del cine francés, renovador de un estilo, parte de lo moderno con la Nouvelle Vague y del gran espectáculo, también. Pierrot, el loco, no solo es de lo mejor que hizo (combinando el humor, la ironía y el movimiento constante) sino también de lo más alegre y festivo que construyó Jean-Luc Godard antes de radicalizarse políticamente. Además, probablemente nunca se lo fotografió mejor que en esa historia de un criminal en fuga, una chica enamorada y un final explosivo. Celebración de Belmondo, del cine y, sobre todo, del color.

Sin aliento

La opera prima de Godard, coescrita con François Truffaut, fue la opotunidad para que Belmondo rompiera estereotipos y jugara al criminal simpático en esta especie de policial que es, a la vez, un comentaio constante sobre las posibilidades del cine. El crítico Serge Daney, gloria de Cahiers du Cinéma, decía que lo mejor de la Nouvelle Vague fue traer una serie de rostros nuevos y de cambiar la actuación en el cine por otra más espontánea, más veraz. Eso es lo que loga don Jean-Paul en esta película al lado de la muy bella (y de trágica vida) Jean Seberg. Doble programa con Pierrot... es ideal.

El soplón

El primer realizador en darle la gran chance a Belmondo fue Jean-Pierre Melville, sobre todo con este filme donde interpreta a un criminal traicionero en medio de otros criminales. Belmondo es básicamente el diablo, pero el diablo simpático, amoral, seductor, que logra tras esa apariencia ocultar a un ser de enorme complejidad, lo que por otro lado permite que el filme sostenga el suspenso hasta el final. Una película de ladrones, además, oscura y precisa, que marcó a cineastas como Quentin Tarantino. 

Dos mujeres

Dos mujeres, de Vittorio de Sica, es la película que le dio el Oscar a Sofía Loren, la historia de una mujer y su hija en viaje hacia un lugar donde refugiarse del horror de la Segunda Guerra Mundial. Pero es también una clase de actuación -austera y emotiva- por parte de Belmondo, como un intelectual comunista que es capturado por los alemanes. El registro y el porte de Belmondo le dan un peso real al personaje, que cuaja muy bien -después de todo, la Nouvelle Vague se inspiró en el Neorrealismo italiano- con el estilo a veces subrayado, pero realista extremo, de De Sica.

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