Suele pensarse que el cine "viejo" es en blanco y negro porque no había color. Es en parte cierto: el primer largo en Technicolor es de 1935 (Becky Sharp) aunque hacía tiempo que había cortos en colores, incluso pintados a mano, desde los orígenes mismos del cine. Y si bien el color se volvió estándar a partir de fines de los cincuenta y mediados de los sesenta (cuando se abarató mucho el proceso), también era una elección. Hitchcock, por ejemplo, filmaba todo en colores desde los años cincuenta cuando hizo Psicosis en blanco y negro por razones puramente estéticas. De hecho, el blanco y negro es más "real" que el color: dos personas no ven igual algo a lo que le llaman "verde", pero sí perciben igual las diferencias de luz de las que se nutre el blanco y negro. Es, por eso y también, una elección.

Para perderle el miedo al blanco y negro (otra alternativa del cine, después de todo) vamos a recorrer algunos clásicos en la lista de Mubi, la plataforma curada dedicada a cine de festivales y a clásicos. Algunas son películas al mismo tiempo antiguas y recientes como Dawson City-Frozen Time. La historia de un pueblo que a principios del siglo XX, por la búsqueda de oro, fue hogar de una fugaz multitud y luego fue abandonado resultó recuperada gracias a que se encontraron cientos de películas mudas realizadas en aquellos años. Dawson... es tanto un documento arqueológico como un cuento sobre la cultura, y los hallazgos son asombrosos.

Los cómicos mudos sacaron mucho partido del blanco y negro porque, además, permite esconder mejor los trucos y manipulaciones. Se puede comprobar si ven La General, la película más venerada de Buster Keaton donde, más enamorado de su locomotora que de su chica, un conductor de trenes vive una aventura en plena Guerra de Secesión. Keaton no deja títere con cabeza: critica al Sur, al Norte, a los militares de ambos lados, y al mundo en general, mientras construye una película que es al mismo tiempo cómica y épica.

Es inimaginable una película como Los 400 golpes en colores. El protagonista, un niño de 12 años que no se porta bien pero tampoco es "malo" (apenas tiene una familia que no lo entiende) recorre la París de fines de los 50 para descubrir, entre otras cosas, que su madre engaña a su padre. En algún momento, el placer de la aventura libre por la ciudad se combina con la necesidad y la tristeza, con la urgencia por un refugio. Eso es necesariamente gris, y el blanco y negro le otorga a esta historia casi autogiográfica de Francois Truffaut el tono que requiere.

Tampoco es posible imaginar el clásico de horror (que no terror) La noche de los muertos vivos, opera prima de George A. Romero. La película cuenta cómo un experimento del Gobierno estadounidense sale mal y resucita a los muertos, que requieren sin conciencia alimentarse de los vivos. Pero también es una fábula satírica sobre el racismo y la opresión, cuyo héroe es negro y que pone en cuestión todas las tensiones de finales de los sesenta (el filme es de 1968). El blanco y negro logra que el juego de la oscuridad y las formas ominosas, de la noche que amenaza con un final horrible, sea mucho más efectivo. Al día de hoy, sigue siendo un filme que causa miedo.

Revue, del ucraniano Sergei Loznitsa, es un documental de "found footage", es decir construido y montado a partir de elems recuperados, muchos de ellos un cine que no aspiraba a durar. En este caso, es la propaganda soviética realizada entre los años cincuenta y sesenta, a los que el realizador, sin decir una sola palabra, contrasta con la realidad del sistema comunista de entonces. Aquí el blanco y negro permite generar esa perspectiva temporal a la que aludimos al principio y el resultado no carece de humor e ironía, aunque ciertamente el contraste es tragicómico, como con cualquier propaganda.

Y finalmente, una de las películas en blanco y negro más extrañas de la historia del cine. Casualmente, si fuera en colores, también sería una de las películas más extrañas de la historia del cine y es probable que por eso y por haber creado en torno de sí un culto particular, se volvó un clásico. Eraserhead, la historia de un obrero cuya novia da a luz a su hijo. Bueno, sí, pero no. Todo transcurre en un mundo que no es este aunque se parece, el personaje principal tiene un peinado de susto permanente, el bebé que nace es un mutante horribe y muchas secuencias y escenas parece no tener relación con la trama, aunque generan un clima sonoro y visual -gracias, claro, al blanco y negro- que desconcierta y genera escaofríos. Sí señores, es la opera prima en largometraje de David Lynch y, cuando se la vuelve a ver, se entiende que Lynch ha sido coherente desde que hacía cortos animados experimentales (que también están en Mubi, dicho sea de paso). El contraste de luz y sombra vuelve toda la experiencia (literalmente) alucinante.

Más notas de

Leonardo Desposito

Joyas ocultas (y gratis) del documental en YouTube

The Atomic Café, la bomba como tema

Quentin Tarantino, los NFT y una demanda histórica

Pulp Fiction, a juicio

Problemas con The Flash para Warner Bros./DC

Michael Keaton y Ezra MIller en The Flash

Niños y adolescentes en grandes películas de Paramount+

Cuenta conmigo, un clásico

La recuperación del cine en los EE.UU. clavó un freno preocupante

Recuperación del cine en Estados Unidos clavó un freno preocupante

Números para la recuperación del cine después de la pandemia

Top Gun Maverick: la gran apuesta ganadora de Tom Cruise

Cine de festivales más allá de Hollywood en Mubi

Con ánimo de amar, la joya romántica de Wong Kar-wai

Cuatro grandes películas argentinas en Prime Video

La Mary, un enorme melodrama

Los Minions resuelven la tensión entre China y los Estados Unidos

Minions, embajadores en China

Comedias contra la corrección política para gozar en Star+

El rey de la comedia, una sátira salvaje de Martin Scorsese