Si es aficionado al cine, si ve muchas películas, es poco probable que no conozca -al menos de vista- a Ron Jeremy, quizás el actor pornográfico más conocido del mundo. Más o menos alto (en las películas parece más bajo de lo que es, aunque es cierto que en la mayoría de los casos aparece en posición horizontal o similar), moreno, con bigotes, siempre fue el "gordo simpático" del porno, incluso cuando en ocasiones interpretó papeles dramáticos o violentos. No se puede decir en cuántas películas aparece desde 1979, su debut, porque son innumerables. Sí que atraviesa el peor de los tiempos: está acusado de más de treinta casos de violación, abuso o mala conducta sexual contra mujeres entre 15 y 54 años ocurridos entre 2004 y 2020. El proceso comenzó en junio, con cuatro casos. La fiscalía pidió que, de existir más víctimas, se presentaran. Eso implicó otros treinta casos. Esta semana es noticia porque se sumaron 20 cargos más, de 16 mujeres, entre ellos contra una chica de quince años. El más reciente ocurrió el 1° de enero de 2020. En total, después de desestimar algunos, Jeremy es investigado por 38 cargos (no "casos": algún "caso" implica más de un cargo, por ejemplo violación más exhibición obscena). De resultar finalmente condenado, debería pasar alrededor de 250 años en prisión. Actualmente está fuera de la cárcel pero bajo custodia, tras pagar una fianza de u$ 6,6 millones.

No es improbable que Jeremy sea culpable de todos o algunos de los casos, aunque -para juzgar con precisión o hacernos una idea- falta información detallada en Internet. De todos modos, el asunto no es nuevo. En 2017, los organizadores de Exxxotica, convenciones itinerantes de la industria del porno, prohibieron permanentemente la presencia de Jeremy en sus eventos, acusado de  manosear a las fans aunque alegase broma. Esta medida fue impulsada en las redes sociales por la modelo de sexo por webcam Ginger Banks. Más o menos al mismo tiempo, la Free Speech Coallition, una ONG de la industria sexual que aboga por la libertad de expresión, le quitó a Jeremy el galardón Imagen Positiva con el que el negocio suele mencionar a quienes permiten que el no aficionado al porno vea al sector como algo para nada nocivo, sino normal, algo más dentro del paisaje. Por las dudas -después de todo, Jeremy aún está en proceso-, lo dejaron afuera.

Ahora bien: casi todos los medios se hacen eco de lo que dice la prensa mainstream. Después de todo, puede parecer irónico que una estrella porno sea acusada de violación. Como dijimos más arriba, no es para nada improbable que estos cargos (o la mayoría, aunque uno ya sería demasiado) sean ciertos. Pero cada vez que un actor porno o alguien de la industria del cine en general cae en desgracia o es acusado de este tipo de delitos, la bola de nieve moralizadora a cargo de los conservadores estadounidenses es imparable. El porno, en particular, se encuentra en el medio de una tormenta: la izquierda lo condena por "explotar a las mujeres" y la derecha, "por atacar a la familia", para simplificar. Cuando estalló el caso Weinstein en 2017, la fiscal de distrito de Los Angeles, Jackie Lacey, creo la Entertainment Industry Sex Crimes Task Force (Fuerza de tareas para reprimir crímenes sexuales en la industria del entretenimiento, en una traducción más o menos literal). Aunque se le dijo a la prensa que la Task Force estaba investigando más de cuarenta casos de abusos y violaciones en el campo del cine, en realidad solo tuvo tres blancos.

El primero fue Harvey Weinstein; el segundo, recién en junio de este año, contra el productor David Guillod. Y, también en junio, contra Jeremy. Lacey, quien está en el cargo desde 2012 y es la primera afroamericana en llegar al puesto, es demócrata y partidaria de la mano dura contra el delito. Se enfrenta este año a elecciones y sucede que el Alcalde de Los Angeles, Eric Garcetti, le quitó su apoyo tras el manejo de las protestas por el Black Lives Matters, y por el rechazo de Lacey de acusar a un agente de policía por un caso de abuso policial contra afroamericanos. Y además, porque se rehusó a investigar la muerte accidental por sobredosis de un joven en la casa de un muy rico donante del partido Demócrata (y de las campañas de Lacey en particular). Tiene a favor que una medida de moratoria de viejos casos por posesión de marihuana llevó a una legalización de hecho en Los Angeles. Y el alto perfil de sus acusaciones a Weinstein.

Estos detalles de la acusación, es decir, de dónde provienen, no suele aparecer más que en medios vinculados con el porno como XBiz, por ejemplo. El problema del caso de Ron Jeremy no solo consiste en saber si es culpable o no, sino si se convertirá en vector para atacar a la industria del "cine adulto", siempre en la mira de los gobiernos estadounidenses sin importar qué partido gobierne. Más allá del probable uso político del caso o de cuántos cargos sean confirmados y cuántos desestimados, el principal problema reside en que se utilice el asunto para decir que es culpa del porno que pervierte personas o que el porno es el hogar en el que se esconden los depredadores sexuales. Desde su legalización en 1973, la mayoría de los gobiernos de los EE.UU. -tanto la administración federal como, sobre todo, las gobernaciones en la mayoría de los estados- han buscado prohibirlo.

El porno es legal, recordemos, porque un estudio encargado por la administración Nixon demostró que es inocuo, y eso permitió que, merced a la Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU. (la que consagra la libertad de expresión) se forzara la legalización de algo que, de hecho, ya existía y era un negocio floreciente. Pero desde entonces se ha intentado, siempre, mostrar que el porno es un peligro para la salud física y moral de la Nación. Ron Jeremy es considerado, nada menos, la Mayor Estrella Porno de la historia, por encima de mega famosos como Jenna Jameson, Rocco Siffredi, Sasha Grey o las pioneras Linda Lovelace o John Holmes. Deberá ser investigado, juzgado y, si cabe, condenado. Pero esa condena podría tener como efecto colateral, en un contexto de conservadurismo creciente, la posibilidad de golpear duro al entretenimiento sexual, cuando -estadísticamente- hay tantos violadores en el porno como en el derecho o las altas finanzas. O la política, ya que estamos.

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