En algunas ocasiones, la Palma de Oro en Cannes fue compartida. Una de ellas fue cuando, en 1997, El sabor de la cereza, de Abbas Kiarostami, partió el honor con La anguila, de Shoei Imamura. Que es de lo mejor del maestro japonés. La historia de un tipo que sale de la cárcel y empieza a trabajar en una peluquería de barrio, de la mano de Imamura, pasa del drama a la ironía, de lo trágico a lo romántico, y de lo violento a lo decididamente cómico.

En todo el filme campea un aire similar al de las comedias de John Ford, que seguramente sirvió de inspiración al Imamura. Durante todo el transcurso de la película, vamos comprendiendo poco a poco la personalidad del protagonista con muy pocas palabras. Gestos, tonos, algún movimiento, nos va revelando no solo su tragedia sino también el camino a su redención. Los "villanos" son tratados por el director con la misma humanidad. Una genialidad. En Qubit.TV.

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