Uno de los mitos más utilizados por el cine es el del extraño que viene a arreglar las cosas para luego desaparecer. Es un mito y no un lugar común porque no está utilizado como una herramienta que rellena baches de manera trivial en una historia o una puesta en escena no del todo bien armada. Es, de hecho, un mito universal que va mucho más allá del cine: el mito del redentor, que existe en todas las religiones, todas las mitologías y todos los folclores. Básicamente, es el gran mito. Osiris, Hércules, Gilgamesh, Buda y Jesús, sin ir más lejos, son todos redentores y todos siguen el mismo camino: llegan, arreglan, se sacrifican, se santifican, y se van.

En el cine, ese mito tiene una cantidad enorme, gigantesca de encarnaciones. Shane, el desconocido, por ejemplo, en el western: el vaquero que llega, mata a los malos que alteran la vida de unos granjeros, y se va. O, en un modo ultra "cuento de hadas", Mary Poppins, que hace exactamente lo mismo pero sin tiros ni caballos. Y yendo a lo que suele ser el tema de estas columnas, Teorema, de Pasolini, va por el mismo camino: el personaje de Terence Stamp llega, vía sexo cambia la vida de una familia (y la mejora), y se va. Valgan estos tres ejemplos para no pasarnos la vida contando. Es paralelo al elegido que cae y se redime antes de morir, dicho sea de paso: las dos caras de la misma moneda.

El lector, acostumbrado a que a esta altura de la nota entremos directamente en la carne misma del sexo, debe de sentirse desconcertado ante referencias míticas, religiosas y culturales. Pero son necesarias porque vamos a hablar de Mutchiri kasei-fu: Sui-tsuki go hôshi, o también Milk the Maid (le dejamos la traducción a usted, pero si el inglés no es su fuerte, "Milk" es "leche" y "Maid" es "mucama"; el primero puede ser nombre y verbo en esa lengua, de nada), de Mototsugu Watanabe. Así es, una película japonesa perteneciente al noble género "pink cinema" realizada en 2013.

Antes, aunque ya hemos dedicado alguna vez espacio al "pink cinema", veamos qué es. Nacido en los años sesenta en medio de los movimientos de liberación y reacción contra el tradicionalismo japonés, es ese cine de explotación sexual que surgió, casi al mismo tiempo -y por motivos no demasiado diferentes- en todo el mundo (menos, claro, donde había dictaduras, ya saben a qué me refiero). Fogoneado además por cineastas de lo que se llamó la Nueva Ola japonesa (que se inspiraba en la Nouvelle Vague francesa o el Free Cinema inglés), fue parte del panorama comercial. En fin: había sexo, que se mezclaba con otros géneros típicos del Japón.

Así, había películas "pink" con artes marciales como Sex and Fury (Tarantino la vio varias veces para hacer Kill Bill, entre otras), "pink" románticas (Fairy in a Cage); "pink" de arte y ensayo (The inflatable sex dolls of the wastelands) y mucho más. También hubo y hay "pink" de comedia. Y eso es Milk the Maid, justamente (que, como varias más aquí mencionadas, se puede encontrar en el sitio de erotismo, porno y vintage clase Z erogarga.com, aunque a lo sumo con subtítulos en inglés).

Y resulta que Milk... es una mezcla de Mary Poppins con Teorema. Milk es una bella chica que dice ser un ángel recién nacido con una misión en la Tierra. Llega a la vida de una familia con problemas: un padre desempleado con un matrimonio en crisis, un joven que trabaja y estudia a lo bestia para tener su carrera y otras cosas. Para "pagar" su presencia, Milk es empleada como mucama. Y comienza a seducir a todos y cada uno de los miembros de esta familia disfuncional (no poco parecida a los Simpson, de hecho) y, sexo mediante y conversación rampante, logra que resuelvan sus problemas.

En Occidente, el comportamiento de "beboteo" constante de Milk (la actriz Tia, estrella del pink) sería inaceptable. Pero la película logra ir más allá de eso y consigue que el personaje, con esa mezcla de inocencia infantil y erotismo desaforado, muestre cómo estos personajes deben cambiar para volver a formar una familia. Que los métodos no sean del todo ortodoxos es la parte más inteligente de la película. En suma -volvamos, como en Teorema- ¿cuál es el sentido del sexo y del placer? ¿Cuál es la diferencia con el amor? ¿Cuántos tipos y formas de amor hay? De un modo dinámico y humorístico, la película hace su aporte a estos temas.

También muestra cómo es el paisaje social japonés, sobre todo en lo que hace a la exigencia y la competencia. En ese sentido, la búsqueda y la provisión de placer funciona como combustible para que los personajes logren encontrar si no la felicidad, al menos un camino hacia ella. Para eso, las secuencias de sexo deben ser -y son- alegres, con humor y con erotismo. Por cierto, no se ven órganos aunque hay bastante desnudez femenina: parte del pink cinema es evitar (en principio por problemas de censura, luego por estilo) lo explícito.

El viejo mito del redentor, pues, ha tenido traducción femenina y erótica en ese cine en gran medida a contramano de nuestras costumbres más arraigadas, el japonés, donde todo forma parte de un continuo natural: lo social, lo emocional, lo espiritual y lo erótico.

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