Probablemente no haya una película "de llorar" contemporánea más efectiva que Los puentes de Madison. Basada en una novela horrible y producida por Steven Spielberg, hacía falta la mano de Clint Eastwood para que el filme no fuera la mediocre historia de amor con sacarina que el texto original obliga a filmar. Para nada: la historia de una italiana que cría, tras la Segunda Guerra Mundial, una familia en EE.UU. (monumental Meryl Streep en, de lejos, su mejor actuación) y de un fotógrafo de National Geographic que pasa de casualidad por su casa un par de días (Eastwood, como corresponde a su partenaire, en estado de gracia) carece de golpes bajos, apela a la emoción adulta y a cierto humor ("¡Al final mamá era Anaïs Nin!"), y retrata con una precisión absoluta la fugacidad del tiempo y el valor del recuerdo. También, como en todo Eastwood, cómo cuesta hacer lo que se debe contra lo que se desea. Filme casi imprescindible. En Qubit.TV.

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Leonardo Desposito

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