Ya que estamos en las fiestas, y a riesgo de repetirnos un poco, vamos con las mejores películas de Navidad que pueden verse. Sí, sí, seguro que ya conoce la lista de memoria pero resulta que son filmes de los que siempre se puede decir algo nuevo. Pero el criterio de esta página no es precisamente tirar títulos, ya se habrán dado cuenta, sino ir un poco más allá. En primer lugar, responder la pregunta respecto de qué es un “cuento de Navidad”. Porque la Navidad es, claro, para los católicos, la celebración del nacimiento de Jesús. Pero la fiesta en sí es mucho más antigua y está presente en casi todas las grandes religiones y mitologías. De hecho, muchos de los elementos que utilizamos para el festejo provienen de tradiciones paganas. Por ejemplo, el árbol de Navidad proviene de la fiesta nórdica del dios Tor (o Thor, sí, el mismo de los Avengers, sí), que es el héroe protector de la abundancia. Y a quien se recuerda con un árbol de hojas perennes. De hecho, el árbol y la madera juegan un rol central en casi todas las mitologías como parte del viejo mito del dios crucificado, que representa la muerte y renovación del ciclo de las estaciones. Sí, es cierto: es complicadísimo explicar toda la genealogía. Pero en todas las religiones y mitologías, esta fiesta que coincide con el inicio del invierno en el Hemisferio Norte implica el resurgimiento de la esperanza, la aparición, en forma de héroe, de un renacimiento. Así que Navidad implica el milagro de la renovación, de la esperanza y del cambio.

Todas las películas de Navidad, todos los cuentos de Navidad, dependen de eso: algo que cambia para mejorar o renacer. Sin eso, no son cuentos de Navidad. Para quien esto escribe, el mejor de todos es Duro de Matar, que además transcurre en algo parecido a un arbolito (aunque de cuarenta pisos, claro). Bien: saben que es un policía de Nueva York separado de su mujer que viaja a Los Ángeles para pasar las fiestas con ella y sus hijos mientras, a la vez, trata de recomponer las cosas. Y que la visita en ese edificio que unos terroristas/ladrones cierran a sangre y fuego, y que él, Bruce Willis, descalzo y en camiseta, es el único que puede derrotar a la banda liderada por Alan Rickman. OK, eso lo saben y funciona siempre. Pero al mismo tiempo es la historia de ese matrimonio, caído en desgracia, con reproches, que ante la adversidad y la destrucción recupera la esperanza peleando unido por lo que vale la pena: el amor, los hijos, los amigos. Los papeles que los ladrones buscan terminan siendo una nevada, nomás, que importa absolutamente nada.

Otra que es sobre una pareja es Aquel martes después de Navidad (bueno, ya el nombre explica el concepto), película rumana de Radu Muntean. Quienes vieron Historia de un matrimonio, deberían buscar esta: hay una pareja, él se enamora de la dentista de sus hijos y, aunque quiere a su mujer, plantea la separación. Hay una secuencia genial de 20 minutos, sin cortes, donde se decide todo y es pura tensión. Pero más allá de eso, el divorcio se transforma en comprensión y los hijos y la Navidad hacen que la pareja, aún divorciada, encuentre una forma de paz y de felicidad, de esperanza y de renovación. Emotiva sin subrayar nada.

Claro que Tim Burton debe de ser el tipo que más películas navideñas logradas ha realizado. El extraño mundo de Jack es ya un clásico del asunto (aunque la produjo, escribió y diseñó pero no dirigió, tarea a cargo del gran animador Henry Selick), una opereta con aires de Kurt Weill sobre qué hacer cuando uno se aburre de la rutina. El joven manos de tijeras es, también, un cuento de Navidad donde se mezclan Frankenstein y Pinocho mientras se hace crítica social sin decirlo. Pero la mejor película “navideña” de Burton es Batman Vuelve, donde, como en las fábulas infantiles, tres animales (una gata, un pingüino y un murciélago) tratan de derrotar la parte grosera y mentirosa de la Humanidad, personificada por el personaje de Christopher Walken. Lo que importa es que la esperanza es tenue, pero existe, y que la Navidad es una renovación no exenta de oscuridad. Hay escenas “de los malos” que conmueven, y el aire es el de un cuento infantil gracias al diseño del maestro Bo Welch. Probablemente sea la mejor película de Tim Burton. 

Aquel martes después de Navidad: drama de pareja

Ahora bien, cuando se habla de “cuentos de Navidad”, se piensa también en el Cuento de Navidad de Charles Dickens, que debe de ser uno de los relatos más adaptados al cine y la televisión de toda la historia. Hay películas buenas, regulares, malas y hasta pésimas. Incluso una versión pornográfica de los años setenta que es una bizarrería notable (The Passion of Carol, de 1975, donde cada secuencia de sexo incluye una canción clásica de Navidad, y que ha presentado en su programa de TV de PlayBoy el gran John Waters). Pero la mejor de todas las versiones es de 1988 y se llama Scrooged, o -como se llamó aquí- Los fantasmas contraatacan, porque se jugaba un poco con el éxito de Los Cazafantasmas: el protagonista es el mismo, Bill Murray, y en las dos películas el comediante está en estado de gracia. La película es como el cuento: a un tipo muy malo y avaro se le presentan tres fantasmas, uno de las Navidades pasadas, uno de la Navidad presente y uno de las Navidades futuras. Ahora bien, el realizador Richard Donner -de los mejores artesanos de Hollywood- no se limita al cuentito moral y lacrimoso sino que va a fondo con el humor sardónico, la violencia desatada -cómica, sí, pero violencia al fin- y la aparentemente absurda resolución del conflicto. La versión es vertiginosa, y como buena adaptación, por un lado respeta el espíritu del original y, por otro, rompe en mil pedazos y se ríe de sus lugares comunes. Con Hechizo del tiempo y Perdidos en Tokyo, de los mejores trabajos de Murray (y es mucho decir). Felicidades.

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Leonardo Desposito

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