Nacido al calor de la Guerra Fría -perdonen el oxímoron- James Bond es uno de los grandes personajes de la cultura popular del siglo XX. Invención del ex espía británico Ian Fleming, su fama fue multiplicada por el cine. Curiosamente, Bond está mucho más cerca de Batman y de los superhéroes que de los espías dúplices de John LeCarré. Su trabajo no tiene nada de ideológico: el bon vivant suele pelear contra magnates hipermillonarios que desean conquistar el mundo porque, básicamente -nunca este escriba encontró un motivo mejor- están locos o aburridos. O se volvieron locos de aburrimiento. El caso es que ni peligro rojo, ni peligro amarillo, ni peligro del color que quieran: el mundo de Bond es uno de ciencia ficción disparatada, hoteles carísimos, chicas hermosas y vodka-martini "stirred no shaken".

En Flow, la app de Cablevisión, pueden encontrarse hoy más de la mitad de las películas del 007. Con Sin tiempo para morir, que se estrena hoy, tenemos 26, y hay poco más de quince. En la pantalla grande "oficial", los intérpretes del 007 fueron el icónico Sean Connery, el one-shot George Lazenby, el comediante Roger Moore, el serísimo Timothy Dalton, el elegante Pierce Brosnan y el emocional Daniel Craig. No hay casi grandes directores entre los que realizaron estos filmes (el único premiado fue Sam Mendes, que hizo dos películas). A Hitchcock se lo ofrecieron (inventó el género con Intriga internacional, básicamente) y dijo "no", Steven Spielberg estuvo por filmar La espía que me amó -la primera con Roger Moore- y James Cameron quiso y no lo dejaron (así que se desquitó con la genial Mentiras Verdaderas).

¿Cuáles son las mejores? Bueno, más allá de El Satánico Dr. No, inaugural, la más taquillera y con mejores efectos especiales de la serie con Sean Connery fue Operación Trueno. No solo tiene el mejor ingreso de Bond a la escena (se saca un traje de buzo y debajo tiene un ambo impecable después de reventar un edificio en una isla) sino que la pelea final submarina es extraordinaria, incluso hoy un prodigio de coordinación, técnica y emoción. Connery creó el personaje, le dio el charme británico -aunque era escocés- y la manera sobre todo de mirar, seductora y peligrosa al mismo tiempo. El tipo nunca se desesperaba.

Con Moore, Bond entró en una fase más satírica, más "infantil" en el mejor sentido del término, más lúdica. Vean nada más la escena de inicio, con ritmo disco, de La espía que me amó, donde Bond pasa de hacerle el amor a una bella rubia a escapar esquiando de un montón de asesinos. No solo eso: cuando la hermosa rubia le dice "Bond, te necesito", él responde "Inglaterra también" y se va. Todo el Bond de Moore es eso (vean por ejemplo su duelo con el villano que interpreta el gigantesco Christopher Lee en El hombre del revólver de oro).

Timothy Dalton es un actor shakespereano que nunca le hizo ascos al pop, como lo demuestra su Príncipe Balin del deliro de 1980 Flash Gordon. En Licencia para matar (primera de sus intervenciones como el 007) todo se vuelve personal: un amigo queda en coma y el MI6 no quiere ayudarlo. Va por las suyas. Dalton le da un dramatismo muy realista a las secuencias, incluso las más disparatadas, un vuelco respecto de Moore. Y la película además tiene una de las mejores canciones de la serie, a cargo de Gladys Knight. Claro que ahí hay mucha competencia: Paul McCartney ("Live and let die"); Tina Turner ("Goldeneye"); Tom Jones ("Thunderball"); Shirley Bassey ("Goldfinger"); Madonna ("Die another day"); Adele ("Skyfall"); más bandas como Duran Duran ("A view to a Kill"); A-Ha ("The living daylights") o Garbage ("The world is not enough") generan enorme competencia. La mayoría son grandes canciones. 

De Brosnan se pueden elegir dos. Una, El mañana nunca muere, que tiene de villano a Jonathan Pryce como un magnate de la prensa y es perfecta y satírica (políticamente hablando), y dirigida por un gran director un poco olvidado, Roger Spottiswoode, autor del clásico Bajo Fuego, sobre la revolución sandinista. La otra, ese resumen hermoso de toda la saga que fue Otro día para morir, despedida de Brosnan, que tiene homenajes a todas las películas anteriores (fue la 20) y a Halle Berry, la única chica Bond que ganó el Oscar antes de estrenarse una de estas películas. 

Y Craig... Bueno, Craig es un poco un resumen de todos estos "Bonds". Puede ser cómico, irónico, emotivo (quizás es el más emotivo) y sus películas, signo de la época de las series y las sagas fílmicas, están interrelacionadas. Lo que pasa en una influye en la siguiente. Las mejores son Casino Royale, donde la relación con Eva Green le sube la temperatura emocional a la pantalla;

y Skyfall, que abunda en la historia previa del capitán de fragata Bond antes de ser un "doble cero" (los agentes con licencia para matar). Y si busca por ahí, recomendamos aquella parodia Casino Royale, dirigida por cinco realizadores en 1966 (entre ellos, John Huston y, sin figurar, Woody Allen) donde hay muchos Bonds (David Niven, Peter Sellers, el propio Woody) y es la felicidad pop absoluta. Para disfrutar con un buen trago.

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Leonardo Desposito

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