Aunque remanido, el espinoso asunto del rol de los medios de comunicación en tiempos donde sólo parece importar el dinero y la influencia política sigue atrapando. Sobre todo, cuando está tan bien contado y el suspenso adecuadamente manejado como en Los favoritos de Midas.

Estrenada hace tres semanas en Netflix, esta serie española no tuvo quizá tanta promoción como otras, pero vale la pena.

Ambientada en la Madrid actual, la historia está inspirada en el relato corto de Jack London “Los Favoritos de Midas”. Víctor Genovés (Luis Tosar), es el nuevo pope de un multimedio español muy influyente, a quien muchos recelan por considerarlo poco apto para el lugar que ocupa.

Es que el empresario heredó su lugar del fundador del multimedio Malvar, algo que enoja a unos cuantos, sobre todo a un sobrino del antiguo jerarca que esperaba obtener ese sillón.

La primicia, el peligro

Cuando al diario llega un dato irresistible sobre una fuente en Siria que promete fuertes revelaciones sobre la guerra en ese país y su relación con el banco más importante de España, la vida de Víctor cambiará para siempre.

En un contexto de revueltas constantes en el país, que hacen referencia a la actualidad más reciente de crisis económica y social en esa nación europea, el directivo entiende que es momento de demostrarle a propios y extraños que la prensa gráfica está viva, a pesar de lo que dicen los gurúes del mercado.

Si bien su empresa cuenta con canales de televisión y medios digitales, Genovés está convencido que el soporte en papel puede concentrar el prestigio periodístico y la veracidad necesarias en tiempos de zozobra. Esa convicción puede llegar a costarle todo.

Mientras la noticia de los vínculos del Banco Industrial -principal financiador del conglomerado que dirige el protagonista- con el terrorismo en Medio Oriente explota en todo el país, a Víctor comienza a extorsionarlo un misterioso grupo autodenominado “Los favoritos de Midas”.

Misterio y acción en la España de hoy

Las amenazas son casi elegantes. En prolijas cartas bien escritas, los criminales exigen al empresario una cantidad exorbitante de euros, caso contrario, una persona al azar será asesinada.

Por supuesto, hasta que no ocurre el primer hecho, el hombre no cree en la seriedad de sus extorsionadores. Conforme los crímenes se repiten, se involucra a la policía y todo se complica, Genovés comienza a desmoronarse. ¿Cuántas muertes será capaz de cargar sobre sus hombros?

Presionado por la junta directiva de su grupo, los problemas con su ex esposa y su hijo, y la culpa por los asesinatos de inocentes que se producen a su alrededor, Víctor sólo encuentra consuelo en los brazos de su periodista estrella, la que trajo la explosiva historia que incrementó el valor bursátil de la empresa pero también la ubicó en la mira de la venganza de muchos poderosos.

La organización que lo acosa parece también, en cierta y retorcida manera, cuidarlo. Sin embargo pronto la paranoia se apodera de este atribulado hombre cuyo único pecado parece que es “el ser un empresario con conciencia” como le dice el detective que tiene a cargo su caso.

Miguel Ángel Solá, el crédito argentino.

¿Quién es el traidor, el espía que posibilita que Víctor haya caído en la redes de esta brillante y precisa maquinaria delictiva? Él empieza a sospechar de todos, y a cometer locuras.

En el medio, la serie -donde el argentino Miguel Ángel Solá tiene un interesante rol secundario- describe la agitación social en las calles españolas. La violencia y las críticas a las fuerzas de seguridad y las medidas de gobierno conviven con el retrato del matrimonio por convivencia que siempre existió, y quizá existirá, entre el poder político y el de la comunicación. Súper recomendable.

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