La famlia Gucci emitió un comunicado rechazando el modo en el que se los retrata en La casa Gucci, el filme de Ridley Scott que se estrenó en todo el mundo el pasado fin de semana. La película, que cuenta los acontecimientos que llevaron al asesinato de Maurizio Gucci (en la película, Adam Driver) y a la cárcel a su esposa Patrizia Reggiani (Lady Gaga), fue calificada de "desconcertante" por los miembros sobrevivientes de la familia (que, dicho sea de paso, ya no participan de la firma) y se reservan el derecho de entablar acciones legales.

El comunicado dice varias cosas. La primera, que se pinta a los Gucci como "mafiosos, ignorantes e insensibles respecto del mundo en el que vivían"; luego, la pintura que hace de Aldo Gucci, el patriarca (en el filme, Al Pacino). Y que se ven en los personajes tonos y actitudes que nunca pertenecieron a ellos. Pero de todas las acusaciones que la carta enumera, la más interesante es la ligada a la corrección política.

Según el texto, Patrizia Reggiani (convicta por facilitar el asesinato de Maurizio) es retratada "no solo en el filme sino también en las entrevistas realizadas durante la producción como una víctima que intenta sobrevivir en un mundo de hombres y de machismo corporativo". La respuesta a esta mirada es que "nada está más lejos de la verdad" y que durante los setenta años en los que Gucci fue una firma familiar siempre fue "una empresa inclusiva".

El realizador Ridley Scott se refirió a este texto, sobre todo a la acusación de tomar los escándalos y -sobre todo- el nombre de Gucci para "hacer dinero" en términos por lo menos irónicos. "Desde el momento en que tienen una persona presa por asesinato y otro por evasión impositiva, el nombre de familia deja de ser una marca registrada para convertirse en objeto de dominio público".

Hay dos elementos que surgen de esta reacción, por lo demás lógica (el filme es, en más de un sentido, satírico). El primero, que se confunda realidad con ficción, algo que hoy se ha vuelto casi un canon anti estético. Pero el segundo es más interesante: la firma Gucci no tuvo problemas en permitir  -cobrando lo que corresponde- que la marca aparezca en lo que podría ser uno de los comerciales más caros de la historia. Como siempre en estos casos, el honor es más bien cuestión de propiedades.

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