Una pregunta que me desvela desde hace tiempo es por qué las personas se filman tanto. Por qué tiene éxito Tik Tok -Donald Trump aparte- el video viral casero desde que pusimos las cámaras al alcance de la mano, literalmente. Sin embargo, cuando me detengo un poco en la pregunta, descubro que es una cuestión falsa: desde que el mundo es mundo el hombre a querido perpetuarse a través de las imágenes. Solo que, hasta casi ayer, no era algo accesible a todas las personas sino solo a quienes podían pagarlo. Así que el sentido común indicaría que debería dejar de preguntarme esto, o al menos de desvelarme. Pero no, sigue ahí la pregunta. El "por qué" no se resuelve. Una de las respuestas posibles es que queremos ganarle al tiempo, a la vejez y a la muerte. Lo comprendió bien Oscar Wilde al escribir El retrato de Dorian Gray. La contracara de esa historia consiste en que nuestro lado oscuro sigue oculto, hasta que finalmente el dique de esa imagen se rompe y cae sobre el protagonista. Cosa curiosa: hoy es todo lo contrario. Un poco antes, también.

Dos cosas se ocultan a la vista de los retratos para la posteridad: lo excrementicio y lo escatológico. Lo segundo, salvo un nicho muy claro de cierta actividad erótica y sexual, sigue siendo invisible, para beneplácito de la imaginación olfativa. El erotismo -lo pornográfico-, en cambio, crece exponencialmente. De hecho, aunque este no es el lugar y el auto no tiene el conocimiento suficiente como para tirar hipótesis, habría que ver si la comunicación audiovisual de la desnudez y del sexo no se volverán en algún momento el estándar para el conocimiento íntimo de generaciones más recientes. De todos modos, ahí están las redes sociales audiovisuales para probar hasta qué punto esto ha crecido, sin contar los propios agregadores porno llenos de material hecho por los usuarios. Es probable que, en cierto sentido, esto sea no solo liberador sino, también, saludable: dejar de ver el sexo como algo oscuro, amenazador o terrible, si bien le quita su misterio y parte de su atractivo, también le licúa el peso que solía tener en la sociedad justamente porque permanecía oculto. Como dijimos, de todos modos, tema para otro momento.

Esta larga introducción es para presentarles una compilación de videos llamada Deutschland Privat 2 – Im Land Der Bunten Träume, disponible -como siempre, de modo gratuito- en Eroticage.net. Se trata de un conjunto de videos en Súper 8 realizados entre los años 70 y 80, y publicado en 2007. Tres cosas importantes a tener en cuenta: no todos son estrictamente pornográficos, en la medida en que no se ven en todos penetraciones o planos explícitos. En segundo lugar, es breve, casi cincuenta minutos. En tercero: el material  no estuvo originalmente previsto para su difusión general, sino casera o restringida. Esto último vale la pena subrayarlo porque fue producido cuando el porno ya era legal en Alemania, por lo que no había ningún problema en filmar sexo. Pero también sucede en varios de estos cortos compilados que se respira un aire más bien experimental, como si se tratara de alguien probando cosas con el cine. Nuevamente, aunque sí es en parte pornográfica, tiene menos posibilidades de excitar el cuerpo que la curiosidad. Quizás para dejar esto bien claro sea necesaria alguna descripción.

En uno de los cortos, solo se ven rostros y partes del cuerpo (nunca genitales) de mujeres mostrando goce u orgasmos. Cada escena proviene a su vez de otro "filme casero", y todo funciona como una especie de collage plástico que, en lugar de elevar nuestra temperatura corporal, "desarma" el mecanismo del porno. Dicho de otro modo, el recorte de solo el momento de placer esteriliza lo demás, y esa pequeña película se transforma en un objeto plástico que nos permite preguntarnos qué es y cómo se ve el placer.

En otro, cerca del final, una mujer de unos cincuenta o sesenta años se desnuda, se viste con diferentes tipos de ropas eróticas, baila desnuda, tiene caricias atrevidas con el esposo, ríe a cámara, se mueve como si se tratara de un show. Lo sexual aquí es totalmente ingenuo e inocente, incluso si abunda la desnudez y la provocación. Cada pequeña secuencia está tratada con esa "dureza" de la cámara manual y sin sonido. Pero genera una sensación de simpatía constante, de alegría por el ejercicio del sexo, por el cuerpo al aire libre y al sol, difícil de transmitir arte mediante.

Hay otro que me llamó mucho la atención, directamente pornográfico. Se trata de una pareja, desnuda, que se seduce, se besa, se desnuda y luego utiliza cada uno un artilugio mecánico y externo para tener sexo. En el caso del señor, es un asiento con una mano de maniquí femenino que se mueve hacia adelante y hacia atrás. En el de la mujer, el asiento tiene un consolador que se mueve hacia arriba y hacia abajo. Ambos se miran, se acarician y se hablan mientras utilizan estos dispositivos, en lo que trata de ser una descripción del sexo futuro: mecánico, robótico, finalmente estéril. Como en los otros dos cortos descriptos, el erotismo -es decir, aquello que genera el deseo, lo atractivo- se disuelve muy rápidamente y queda la mirada curiosa sobre algo que tiene más de ironía que de pornografía, incluso si es expresamente pornográfico. 

Hay más: una pareja de mujeres en masaje lésbico, por ejemplo. Lo raro aquí es que ninguna de las dos es especialmente atractiva, pero eso mismo provoca una cierta felicidad: la idea de que cualquiera puede disfrutar del sexo más allá de los estereotipos que abundan al representarlo. También hay otros cortos más tradicionales entre los que se destaca uno en el que una joven va a una sesión de fotos eróticas y se masturba. Ese es porno en todo sentido, pero lo curioso y atractivo consiste en ver el momento en el que la "ficción" (de "la chica que va a..." etcétera) y la realidad (el goce verdadero) se solapan. No es frecuente que recomendemos a alguien que no desea ver pornografía algo pornográfico, pero le recomendamos hacer el esfuerzo de "bancarse" lo que no le guste: es raro encontrar un material cinematográfico tan real e interesante, y de paso nos explica por qué siempre quisimos la mirada de los otros.

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