Entre las mejores películas de la historia, para mí, se encuentra Los Pájaros (HBO Max), de Alfred Hitchcock. Aunque es una especie de lugar común decir que se trata de una obra maestra -es raro que una película de Hitchcock no sea considerada, al menos por un crítico, como "obra maestra"- no es la preferida de esa obra que incluye filmes como Ventana indiscreta, Psicosis o Vértigo. Entre los estudiantes de cine y los académicos, esas tres tienen primacía. Pero Los Pájaros es especial por varias razones. Y sí, es una obra maestra.

Veamo por qué. Los Pájaros cuenta en realidad dos historias. Una es un melodrama familiar: joven soltero (Rod Taylor) perseguido por chica de ciudad (Tippi Hedren); la madre del joven es una señora bastante dominante (Jessic Tandy; las madres dominantes son todo un tema en Hitchcock: el epítome es la Señora Bates de Psicosis), tiene una ex novia (Susan Pleshette) y la citadina que se llega a esa isla donde viven estos personajes es una intrusa sutilmente maltratada por estas dos mujeres. Hay una tercera: la hermana menor (Veronica Cartwright en sus trece años: luego sería víctima de Alien y del demonio Nicholson en Las brujas de Eastwick, con lo que compite por el premio de Mujer Más Maltratada Por Monstruos De Hollywood). Ese melodrama familiar se ve interrumpido cada diez minutos por el ataque sin motivo de pájaros, la segunda historia: el Fin del Mundo llega de manos de animales que uno pensaría inofensivos.

Y aquí, amigos, es donde uno se pregunta ¿qué tienen que ver estas dos historias? La respuesta la tiene la puesta en escena. En cine, la puesta en escena no es cómo se arma una escenografía o cómo se mueven los actores solamente, como en el teatro, aunque el nombre provenga de allí. La puesta en escena es -tomemos aire- la relación de necesidad de todos los elementos de un filme entre sí. Ejemplo: Melanie, la protagonista, lleva consigo un par de "love birds" (dos gorrioncitos, "pájaros de amor") cuando va a Bodega Bay, la isla donde viven Mitch (Taylor) y su familia. Son para su hermana (excusa) tras el primer encuentro de la pareja al principio en una tienda de animales (de la que Hitchcock, en su cameo obligatorio, sale con dos perros, una manera de decirnos ya de entrada que el peligro vendrá con los pájaros). Dos pájaros en una jaula es la metáfora de lo que quiere Melanie con Mitch, pero también algo que va en contra de lo que los pájaros quieren (que es vivir libres). 

La madre de Mitch no quiere, digámoslo en metáfora, que lo "enjaulen". Queda claro que ya le corrió una novia, la maestra de la escuela. También que es una mujer decidida y fuerte. Por otro lado, los pájaros siempre atacan donde está Melanie, desde el principio, con furia creciente. La primera es una gaviota que golpea a Melanie en la cabeza; al final, muchos pájaros atacando a la protagonista en un ático que ha perdido su techo. Aunque Hitchcock se cuida mucho de dar una explicación sobrenatural (hay en una secuencia en un bar una señora que "sabe de pájaros" y explica todo de modo horrible y racional: obviamente termina muerta por las aves), el espectador, al preguntarse qué tienen en común las dos historias, solo puede pensar que la furia de los pájaros refleja los deseos de mamá contra su probable nuera.

El film además tiene dos características notables. Es la primera gran película de Hollywood en tener una banda de sonido totalmente sintética. Se grabaron muchos sonidos de aves y luego se procesaron a modo de partitura. El efecto es de hiperrealismo por un lado, y de extrañeza, por otro. Es decir: el sonido está trabajado como si estuviéramos -y estamos- en una pesadilla. Pero además, Hitchcock contrató a Ub Iwerks como asesor técnico para los efectos especiales (aún asombrosos). ¿Quién es Iwerks y qué hace allí?

Ub Iwerks es el diseñador de Mickey Mouse y el socio más importante que tuvo Walt Disney (la historia de la relación entre ambos, tirante siempre, merece un libro). Fue el hombre que creó la mayoría de las invenciones que Disney aplicó en sus largometrajes, y el que cambió la manera de filmar dibujos animados incorporando perspectivas y fueras de campo que no solían tener. Un genio en el arte de crear emociones con elementos puramente diseñados (vean The Skeleton Dance, la primera Silly Simphony de Disney, y vean esa calavera que se "traga" al espectador). Hitchcok comprendió que alguien que podía hacer que alguien creyera que el dibujo a tinta de un ratón sobre una cartulina estaba vivo era la persona ideal para que hacernos creer que esos pájaros realmente están matando personas de un modo cada vez más violento. 

La magia real de la película consiste en que todo es arbitrario, completamente surrealista, pero no nos damos cuenta porque seguimos a los personajes y su drama. Si no hubiera una tensión humana entre ellos, los ataques de los pájaros serían un puro efecto (como pasa en muchas películas malas de monstruos). La escena central para comprender esto es aquella en la que Melanie espera, fumando, a la niña fuera de la escuela, y poco a poco detrás de ella, en cables y postes, se van posando uno, diez, cientos de cuervos. Cuando termina su cigarrillo y gira la cabeza (nosotros sabemos, ella no: esa es la clave del suspenso y la angustia) hay muchos pájaros amenazando. Hitchcock nos dice en esa escena y en todo el filme que mientras vivimos nuestras pequeñas vidas con nuestras pequeñas diferencias y nuestros pequeños rencores, el mundo sigue su curso y la Naturaleza, ciega al hombre, puede caer en cualquier momento sobre nosotros. El final, sin sonido, sin títulos, muestra a los humanos escapando, lentamente, de este fin del mundo ornitológico. ¿Acaso hay películas como Los Pájaros? Bueno, sí, Tiburón, de Steven Spielberg... pero esa es otra historia.

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Leonardo Desposito

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