El prolífico director de Plan B, Ausente, Hawaii, Mariposa y Taekwondo ha logrado algo que en el panorama local constituye un poco habitual prodigio: continuidad en la concreción de diversos proyectos y presencia internacional que llaman la atención. Su mirada sobre la cultura y el universo LGBTQ hace que sus películas sean asequibles literalmente en todo el mundo. Basta acercarse a la sección específica de cualquier tienda que venda DVDs o blu-rays para  ncontrarse con sus obras con los títulos en los idiomas más impensados. El cazador, su última producción, ha tenido su premier mundial el el  Festival Internacional de Cine de Rotterdam (IFFR) y en esa ocasión hablamos con su director.

—¿Cómo surge la historia de El cazador?
—Siempre me gusta explorar géneros nuevos. Después de Ausente no había vuelto a trabajar
un thriller así que tenía ganas de volver a explorarlo. La historia original planteaba otro tipo de
situación voyeurista, pero cuando me puse a pensar en la idea me pareció interesante trabajar
sobre el lado oscuro de internet y pensar cómo pueden funcionar las redes de pornografía adolescente. Sabía de un caso conocido en Argentina, hace unos años, sobre un adulto que captaba menores a través de clases de computación con un “socio” de 18 años que se ocupaba de captar las presas. Un poco a través de lo que recordaba de eso empecé a
mezclarlo con lo que es la historia de El cazador finalmente.

—¿Sentís que importa un cambio respecto de tu filmografía anterior? 
—Siempre hacer una película nueva es un cambio. Es verdad que estoy más cómodo con historias de amor más luminosas, pero siempre es un desafío probar cosas nuevas. Yo  trabajo mucho el homoerotismo; era un desafío también encarar un proyecto así sin trabajar sobre esto ya que, si no, sería una serpiente que se muerde la cola. Hacer una crítica
sobre pornografía adolescente exponiendo menores tendría un mensaje doble. En la película todo se sugiere pero nada se muestra.

—En ese sentido, lo que parecía un tópico de muchas de tus películas anteriores (la atracción
homoerótica de personas en principio heterosexuales) aparece al principio pero la narración vira hacia otros horizontes
—Siempre me gusta ir por donde el espectador no se imagina que la película puede ir. Yo creo que esta película empieza como una historia de amor y finalmente es sobre la ética, disfrazada de thriller psicológico, un poco como Ausente, donde cuestiona al espectador hasta el final.

—Algo que siempre está en tus películas es la fantasía (asumimos que “tu” fantasía), ¿juega algún papel en esta historia? 
—Un poco si. Todo lo que tiene que ver con el voyeurismo me atrae pero al ver la película justamente uno se da cuenta que los límites entre la fantasía y la realidad están bien marcados. El punto de quiebre de la fantasía es la ética y el derecho a la privacidad.

—El tema del despertar sexual pero también el de la pornografía infantil forman parte del territorio por donde se mueve El cazador. Tu mirada distinta a la que el cine suele devolvernos al respecto, ¿pensas que es así? ¿por qué?
—La idea mía no era hacer una película provocadora sino una película analítica. Yo podría abordar el tema desde mil lugares y hasta crear una historia con menores expuestos 
actuados por mayores que aparenten menores pero me parece que provocar muchas veces es sólo una cortina de humo. Quería tomar distancia y tener una mirada seria sobre el tema.

—¿Realizaste algún tipo de pesquisa en torno a cómo funcionan esos mundos o se trata de una pura ficción?
—Es todo pura ficción. No creo que haya que conocer del tema para explorarlo si la meta es un análisis. Para hacer una análisis de eso uso mi imaginación pero creo que la película siempre se desarrolla de una forma que una puede decir “la verdad que eso que pasa podría pasar en el mundo real”.

—¿Cómo elegís a tus protagonistas? ¿Escribis con ellos en mente?
—En este caso no porque lo primero que apareció fue el guión y en el caso de los  adolescentes, que crecen tan rápido, es lo más pegado a la filmación que aparece. Más que nada porque cambian a mucha velocidad. Los protagonistas los elijo por casting. En este
caso Javier de Pietro que además de ser el protagonista de Ausente y actor actualmente, también está incursionando en la dirección de casting así que me apoyé mucho
en su mirada. 

—¿Cómo ves la actualidad del cine LGBTQ en Argentina?
—Cada vez más florido, por suerte (risas). 

—¿Cómo fue la selección por parte de un festival tan importante como el IFFR? ¿Cuáles son tus expectativas al respecto?
—La selección es siempre una sorpresa. En mi caso, envío las películas al festival, como cualquier hijo de vecino, y las eligen por los méritos que tienen. Las expectativas son siempre positivas. Yo creo mucho en la película. En un momento me pareció que con los casos de prostitución infantil en los clubes de fútbol argentino me metía en un tema pesado, pero también entiendo que son cosas que pasan y no creo que mi película tampoco sea relacionada directamente. Siempre que uno toca oscuros de la sociedad genera, al menos, inquietud.

—Sos un director muy prolífico, ¿en qué proyectos estás trabajando actualmente? 
—Me gusta mucho el cine y filmar. Ahora estoy con un guión escrito con expectativas de filmarlo en un par de años, con El Fulgor (documental sobre el homoerotismo en el carnaval de Gualeguaychú) y con el desarrollo de una película de época que espero que pueda
filmar en unos años. El cine indie personal siempre está a la vuelta de la esquina, por lo que quizás haga algo así al estilo Hawaii, Taekwondo o Un Rubio que son tres películas independientes de muy bajo presupuesto que realicé en los últimos años.