Hace un par de semanas, el realizador estadounidense Martin Scorsese atacó las películas de superhéroes -especialmente las de Marvel- explicando que "no son cine" y que se parecen más a parques de atracciones. A partir de entonces, hubo dos bandos: quienes defienden esas películas (especialmente los realizadores que trabajan para Marvel como James Gunn o Jon Favreau) y quienes apoyaron y multiplicaron las declaraciones de Scorsese (entre ellos, Francis Ford Coppola o Fernando Meirelles). El pasado fin de semana, el propio Scorsese publicó una larga carta en el New York Times donde explica mucho mejor qué quiso decir con ello, y a dónde apunta. Comienza diciendo que las películas de Marvel están hechas con talento pero, por su propia formación como cinéfilo, no son para él. "Mi generación creía que el cine consistía en confrontar lo inesperado en la pantalla y en la vida, dramatizado y reinterpretado, y en expandir los límites de una forma de arte. Porque eso es lo esencial, que sea una forma de arte", dice en el texto.

Scorsese explica que las películas “grandes” de hoy carecen de todo riesgo

"Lo que se ha perdido en el cine, en estas películas que son testeadas, reconstruidas, retesteadas y vueltas a reconstruir hasta que están listas para el consumo masivo, es el riesgo", explica Scorsese, y agrega además que "el cine es ver lo inesperado; y no hay nada de inesperado en las películas de Marvel". A esto lo relaciona con un hecho central: "hay una enorme crisis en la distribución y hay cada vez menos cines independientes. Lo que ha cambiado la ecuación, y el streaming se ha vuelto el principal distribuidor de este cine. Y aún así no conozco un solo realizador que no piense sus películas para una pantalla grande".

En su texto, Scorsese apunta a la crisis en la exhibición y la distribución de películas

Lo que Scorsese dice tiene sentido: hay una crisis que proviene de la enorme estandarización producida por el negocio del "tentpole": una o dos películas "grandes" cuya recaudación debe (o debería) sostener el resto del negocio de un estudio. Pero eso hace que decrezca la variedad de la experiencia, y en última instancia que se quiebren las audiencias. Lo que genera que las películas que no caben dentro de ese molde deban buscar otro tipo de canal de distribución, mientras que se solidifica un público en salas que solo espera el próximo blockbuster de franquicia. Que, como corresponde y está hecho para que no caiga el sistema, no puede correr ningún riesgo. Más allá de que haya buenas películas en todo campo -y también, malas películas en todo campo- el problema consiste en la reducción de las audiencias que, en última instancia, hace colapsar el sistema de exhibición. El mismo que ha concentrado la oferta y hoy se debate ante la falta de demanda. Sí, Scorsese, en gran medida, tiene razón.

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