El Señor de los Anillos es un mojón en la historia de la literatura contemporánea. No vamos a discutir si por buena o por mala, pero el término aplica porque, sin la extensa novela de J.R.R. Tolkien, no se habría desarrollado un tipo de literatuta épico-fantástica que se ha convertido en uno de los mayores negocios editoriales del último medio siglo. La versión cinematográfica desarrollada por Peter Jackson entre 1999 (el comienzo de la producción) y 2003 (cuando El Retorno del Rey ingresó al club de las películas que más Oscar ganaron en la historia, al lado de Titanic y Ben-Hur) también cambió el negocio audiovisual: demostró que la combinación de guión literario, calidad actoral y efectos especiales podía conquistar a un público. Para no hacerlo demasiado extenso: sin El Señor de los Anillos, no habría hoy MCU, por ejemplo.

Pero aquellas películas se estrenaron en los cines con muchos menos minutos (y eso que cada una dura más de tres horas) de los que había planeado su realizador. Sin contar que Jackson eliminó capítulos y personajes enteros de la novela, incluso si mantuvo una fidelidad canina a la mayoría del material. La razón era la viabilidad económica de las proyecciones: en esta era, una película de cuatro horas era inviable para la exhibición y, para recuperar costos, resultaba imposible. Ergo, mucho material perfecto quedó en el camino hasta que, en 2005, Jackson pudo ir distribuyendo en DVD y Blu-ray las versiones extendidas. Que destacamos porque son mejores que las originales y suman, en total, algo así como tres horas (una película más) a la saga original.

La noticia: HBO Max tiene desde ahora las versiones extendidas. En serio: es absolutamente otra cosa, si bien la historia permanece. Muchos puntos quedan más claros, hay secuencias completas que matizan muchos comportamientos y fueron eliminadas, y visualmente hay muchísima belleza. Vamos por partes.

En La Comunidad del Anillo los cambios son más bien menores: hay una descripción del mundo Hobbit al principio (parte de la introducción del libro original), se extienden varios episodios (la huída de Moria, la batalla final) y hay planos mucho más detallados de lugares como Caras Galadon, la capital arbórea del reino de Lothlórien. De todos modos, suma algo así como media hora más de contenido respecto de la versión de cines.

Las Dos Torres es otra cosa: aquí sí hay mucho más material y desarrollo de personajes. Se nota en la historia de Rohan (para quien esto escribe los mejores personajes de toda la novela y de toda la película) y en un flashback donde entendemos la relación de amor fraterno entre Boromir y Faramir cuando reconquistan Osgilitath (un lugar cuya importancia queda disminuida en las películas que se conocieron justamente porque falta esta secuencia) así como la actitud de Denethor ante ellos. También hay un gran momento del bosque de Ucornos cuando huyen los orcos, al mismo tiempo justo y tétrico, y es bastante más claro todo el rol de los Ents y de Bárbol en particular ante Isengard.

Y El Retorno del Rey es donde todo cambia mucho. Pero mucho. En principio, queda muy claro (aunque es en parte diferente del libro) el destino de Saruman en una secuencia que es magistral tanto por el texto como por la ejecución y el trabajo actoral de Brad Dourif y Christopher Lee (Lee se molestó un poco porque esa escena tuvo que cortarse). La batalla central ante Minas Tirith está mucho mejor planeada, se entiende muchísimo más lo que sucede con cada personaje (de paso, vean cómo en cada plano pasan cosas cerca, en el medio y lejos, es una proeza) y la llegada de los jinetes de Rohan tiene un desarrollo diferente. Porque además aparece el enfrentamiento entre Gandalf y el Rey Brujo, algo que también figura en la novela pero que no aparecía en los cines. Y hay algo más que, en el epílogo del libro, es clave: el encuentro entre Faramir y Éowyn, y el trabajo de Aragorn como curador. Todas estas secuencias hacen que cada personaje tenga mayor profundidad respecto de las versiones "para cine". Entre otros, el que más beneficiado queda es el Gollum de Andy Serkis, un personaje digital que creó para siempre un modo nuevo de actuar en el cine.

En síntesis, es otra cosa. El Señor... fue una apuesta arriesgada: se filmó "toda de una vez" en un año y poco más de rodaje, y luego se fueron agregando las capas de efectos a medida que se estrenaban. Es decir, recuperaban el espíritu de Tolkien, que publicó todo en tres partes porque era inviable físicamente hacerlo de una sola vez. El Señor de los Anillos no son tres novelas, sino solo una; El Señor de los Anillos es una sola película dividida en tres porque, si no, hubiera durado unas diez horas en cine. Pues bien: la versión total de la película dura doce horas. ¿Quería maratonear algo? No se nos ocurre una alternativa mejor.

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