Dejemos un poco el sexo duro en el cine y vayamos a por una película que merece ser vista por más razones que aquello que muestra. Sí, tiene sexo (no es pornográfica, aunque hay desnudos y secuencias eróticas varias), y tiene -como mencionamos hace algunas semanas- terror. Es un clásico clase B europeo, dirigido por Jean Rollin (en realidad, el primer director iba a ser nuestro amigo Jesús Franco, pero parece que se peleó con la producción y llamaron a Rollin unos pocos días antes de empear el rodaje) y se llama Le lac des zombies (o Le lac des morts vivants, o Zombie Lake, o El lago de los zombies). Es de 1981 y está protagonizada por Howard Vernon. Antes que nada, un pequeño detalle sobre por qué subrayamos "Howard Vernon".

Vernon fue un actor de carácter francés con una carrera que comenzó en los años 40. Era muy bueno, pero por esas cosas que pasan en cualquier cinematografía, fue perdiendo posibilidades de trabajo y terminó en sus años maduros, en películas de este tipo o en producciones cuasi pornográficas. Había sido el protagonista de una obra maestra de Jean-Pierre Melville, El silencio del mar, rodada durante la ocupación nazi y que, con mucho valor, denunciaba a los alemanes. Si pueden -se encuentra "por ahí", ustedes saben- traten de verla. Melville, además, era un director sensacional, experto en suspenso y policiales pero no solamente.

Listo, vamos a por los zombies y el lago. La primera secuencia recuerda a Tiburón (es casi un plagio salvo ciertos detalles). Una escultural morocha se desnuda en pleno día, toma sol, y va a un lago a nadar. Hay un cartel que dice que no se debe, pero ella lo quita. La cámara la toma como a Isabel Sarli en El trueno entre las hojas cuando nada sobre la superficie, pero la complementa con una muy buena cámara subacuática que permite ver lo que no suele verse. Y también a un zombie tuerto con uniforme verde que se la lleva tras cierta pelea. Es una secuencia diurna (bastante gastaron con la cámara bajo el agua y esto es Clase B) y en seguida pasamos a otra cosa.

Más tarde, el zombie se va a comer el cuello de una sirvienta. Más tarde aún, una periodista va a investigar qué sucede en ese pueblo, qué pasó veinte años antes y mucho antes, durante la Ocupación. El alcalde (Vernon) va a hacer lo imposible por evitar que se descubran cosas viejas. Una, que en los sesenta una horda de zombies nazis atacó el pueblo y casi acaba con todo. Otra, lo que había detrás.

Y lo que "hay detrás" es que, durante la presencia de los nazis, pasaron dos cosas: una, un soldado alemán salvó a una joven del pueblo de morir en un tiroteo, joven con la que más tarde tuvo un amorío, sexo y, aunque no lo supo nunca, una hija. Y que la Resistencia hizo torta a los ocupantes y arrojó sus cadáveres al lago, lo que generó una especie de maldición. A medida que la película se desarrolla, los ataques son cada vez más fuertes, más feroces, y más numerosos. El final recuerda al Frankenstein de James Whale, con molino y llamas. Porque si vamos a robar, robemos bien.

Por supuesto que hay todo el sexo que una producción como esta merece y debe tener para no decepcionar al espectador erotómano, con el que también cuenta. Aquí, si me permiten, quiero hacer algo de "teoría": hoy las películas para gran público tratan de incluir todo lo que es atractivo y de no ofender a nadie. Esta es, también, una "película gran público" en la medida en que pone cosas que a todos les resultaban atractivas (zombies y tetas, para ser claros) pero el filme "ofende", y además la trama y lo que se ve es no apto para menores. Se nota, en estas películas populares hechas a las apuradas, cómo cambió la composición del público en estos cuarenta años. Para peor, diría, pero quién es uno para moralizar al respecto.

Porque esta película dice cosas totalmente complejas, aún en esa apariencia de diversión con sangre y chicas desnudas. Dice algo muy incómodo: que un soldado nazi podía ser un caballero y tener compasión, y que la Resistencia podía actuar de manera cruel e inhumana. En ese punto, obliga al espectador a repensar un montón de lugares comunes, sobre todo morales. "Morales" no es "políticos": es clarísimo en la película que los nazis eran malos y que había que terminar con ellos. El problema (humano) es el cómo.

También que la Segunda Guerra Mundial no fue una gesta heroica y que las situaciones de miseria que trae una invasión y un régimen totalitario dejan huellas que el tiempo nunca termina de borrar. Y otra cosa: que la gente se comporta ante tiempos extraordinarios como puede, no como desea. Que cuando la guerra arrecia, la moral es lo primero en esfumarse. Quedan jirones de algo que se parece a nuestra humanidad porque, después de todo, lo primero es sobrevivir en medio del fin del mundo.

Entonces, esto es un melodrama político. De hecho, el problema de fondo gira alrededor de las decisiones del alcalde del pueblo respecto de atacar o no atacar a los zombies, de revelar o no revelar los errores y horrores del pasado. Es interesante cómo estas cosas aparecen filigranadas en una película que las personas "compraban" por su promesa de sangre y sexo. Que se cumple apenas lo suficiente como para que nadie se decepcione.

Dicho esto, tiene problemas varios (más allá de que la copia que se encuentra en Erogarga.com, en cuatro partes, es muy buena): actuaciones pésimas, algún desenfoque, ciertos hilos narrativos que no llevan a ninguna parte, y una fotografía demasiado diurna (ver lo escrito sobre la primera secuencia) hacen que mucho del efecto final de la película se disuelva y que cueste prestarle atención a lo principal: que no hay heroismo verdadero en el siglo XX, sino un mundo complicado que todavía sigue ahí, esperando dar el zarpazo.

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