¡Qué verde era mi valle!

No, no siempre fueron espantosas las películas que ganaron el Oscar. Hubo tiempos que fueron hermosos. Por ejemplo: siempre dicen que El Ciudadano perdió injustamente en 1941. Falso: la película que le ganó era una obra maestra del cine social, dirigida por el mayor cineasta de la historia, y clásico que no ha perdido nada de vigencia. Se llamaba -se llama- ¡Qué verde era mi valle! y narra la vida y tragedia de una familia minera en el Gales de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Aún hoy, la manera en que -de pie- John Ford filmó ese drama que combinaba la épica con lo intimista sigue siendo actual. En Qubit.TV

Forrest Gump

Y hay muchos que odian Forrest Gump. Pero Forrest Gump es una película absolutamente original, compleja, cuyo corazón y humor pueden desviar la atención de que es la "historia oficial" de los EEUU narrada por alguien que sabe que es menos inteligente que la media. Pero también es una bisagra histórica en el uso de los efectos especiales: es el cine diciendo que, de ahora en más, ya no se puede confiar en la "realidad" del cine. Más allá de momentos brillantes, de su sustrato político jamás declamado y siempre surgido de la ironía, de la historia trágica de Jenny, es un gran trabajo de puro cine de Tom Hanks. En Netflix.

Los Imperdonables

Un premio que honró el western en uno de los mejores trabajos de Clint Eastwood no puede condenarse del todo. Los Imperdonables hace dos movimientos: por un lado, se viste de "western revisionista" que habla de cómo la realidad del Salvaje Oeste era muy distinta del mito cinematográfico. Pero en un segundo movimiento, reconstruye ese mito cuando Munny, el protagonista, decide retomar su "personaje" y hacer justicia a pesar de todo. El gran mito, en última instancia, sobrevive. En Amazon Prime Video.

Rocky

Muchachos: ese año, 1977, podía ganar Todos los hombres del presidente. Podía ganar Taxi Driver. Podía ganar (horror) Poder que mata. Pero ganó una de las películas más felices, más queridas, más amables, más épicas, más sociales (si quieren cine social) de toda la historia. Rocky, ese cuento de un tipo que, de la nada, se sube a un ring sin dejar de ser buena persona y casi le gana a un campeón del mundo (que luego será su amigo... pero bueno, es otro filme), fue la mejor película de 1976. Y se volvió mito, como Sylvester Stallone. Y lo merecía. Netflix.

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