Ya es noticia vieja -es decir, ya es historia- que una película de Corea del Sur ganó tanto el Oscar al mejor filme “internacional” (ahora se llama así) y el de Mejor película directo. Saben también que la película se llama Parasite y que está en cartelera (¿si vale la pena? Sí, vale la pena). Y que muchos, de repente, descubrieron que Corea del Sur tiene cine. Hace muchos años que los críticos venimos intentando llamar la atención sobre la existencia y la importancia de ese cine, y probablemente para que esos llamados funcionasen era preciso que sucediera lo que sucedió el domingo. Así que, con esa excusa, vamos a proponerles algunas películas coreanas que se pueden encontrar en plataformas (y otras que hay que buscarlas un poco más).

La historia de la producción de cine en Corea del Sur es larga y llena de azares. La cuestión básica es que hoy la mayor cuota en ese mercado se la lleva el cine local incluso por encima de los grandes tanques. Se venden alrededor de 200 millones de entradas al año (en la Argentina el promedio e 50 millones) y hay sistema de créditos y subsidios. Durante cuatro décadas se fue estableciendo un sistema de, digamos, “sustitución de importaciones” y eso permitió, con el tiempo, tener cine de calidad tanto en el mainstream más industrial, el cine intermedio no espectacular y el experimental. No hay festival de cine sin intervención coreana. En la Argentina, de hecho y a pesar de todo, hoy se estrena más cine coreano que chino, incluso en goteos mínimos.

Hay muchos nombres: Bong Joon-ho, “el que ganó el Oscar” (y la Palma de Oro en Cannes, además) es un tipo con veinte años de trayectoria, amante de los géneros, del humor mordaz y del suspenso. Aquí fue un éxito su película The Host, probablemente el mejor “filme de monstruos” jamás filmado y que narra la lucha de una familia muy “simpsoniana” (y muy, pero muy parecida a la de Parasite) contra un monstruo creado por la basura química en los ríos. Ese filme se puede ver hoy en una plataforma. En esa misma está su, quizás, obra maestra, Memories of a murder, donde a fines de la última dictadura militar en Corea del Sur, dos detectives van a buscar a un asesino serial a un pequeño pueblo del interior. Si vio Zodiac, verá hasta qué punto ese filme influyó en David Fincher.

The Host, la obra maestra del autor de Parasite

Seguro vieron otro éxito coreano hace algunos años, OldBoy, de Park Chan-wok. Park opta por la violencia y el suspenso en historias siempre retorcidas, con muchas vueltas de tuerca y sorpresas. Pero su verdadero norte es el melodrama: en todas sus películas hay alguna relación o algún amor que no logra funcionar y se resuelve en el estallido. OldBoy era la historia de un tipo secuestrado por veinte años, sin saber por qué o por quién, y que busca venganza. Y en el camino, encuentra el amor. O algo así. Park no siempre es genial, pero cuando lo es, conmueve. Pueden buscar también el thriller sobre la relación Norte-Sur Joint Security Area para verlo con más precisión. En el otro polo de Park está quizás el realizador más prolífico y más respetado por el circuito de festivales, Hong Sangsoo. Sus películas, muy influidas por la Nouvelle Vague -especialmente por Rohmer, con gotas de Truffaut- son en general comedias románticas aunque hay no pocos melodramas. Tienen una estructura doble, recurrentes relaciones triangulares donde dos hombres entran en tensión por una mujer, y constantes referencias al cine y la escritura. También suelen ser muy divertidas y conmovedoras. En plataformas se puede encontrar la muy reciente El día después, pero recomendamos también Yourself and yours, La mujer es el futuro del hombre y la clarísima Un cuento de cine.

Otro autor importantísimo es Lee Chang-dong. En la Argentina vimos su película Poesía para la vida, la historia de una anciana con Alzheimer que tomaba clases de poesía simplemente para fijar las palabras. Era un melodrama, y esa es la especialidad de Lee. Algunas de sus películas son consideradas por la crítica mundial como auténticas obras maestras, por ejemplo Peppermint Candy, que es también un policial. En la plataforma se puede encontrar su última película, Burning, que se llevó un premio en Cannes el año anterior. Es un policial y es un melodrama amoroso (con alguna huella de Hong, de hecho). Muy preciso y va al hueso en las emociones de los personajes.

Hay más películas -de las que se pueden hallar en nuestro medio, claro: hay muchísimo más también- para ver y disfrutar de un cine que está por encima de la mayoría de las cinematografías actuales. Gracias a tercerizar servicios de dibujo, Corea del Sur logró tener una gran animación. Busquen el largo de ciencia-ficción (y sí, también un melodrama sobre la relación de dos hermanos, más un romance) Wonderful Days, que combina animación 3D y 2D con una precisión increíble. También pueden buscar un policial increíble de 1999 que llamó la atención en todo el mundo, Nowhere to Hide. Hay un asesino infalible y un par de muy falibles detectives persiguiéndolo. Pero lo que cuenta, además de la tensión tremenda de la historia, es la creatividad sin prejuicios de secuencias como el asesinato con “Holiday” de los Bee Gees como música de fondo (esa secuencia es de lo mejor que dio el cine en los últimos cincuenta años: sí, está en YouTube). Y en Amazon tiene La villana, la historia de una asesina entrenada y traicionada, coptada por el Estado y vuelta a traicionar. En ese filme van a encontrar secuencias de acción inconcebibles en el cine de Hollywood (la pelea con katanas en una moto -!!!- es algo que no sabemos cómo pudo lograrse). Corea del Sur tiene muchísimo para descubrir y, sí, es bastante mejor que Hollywood en estos momentos.

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Leonardo Desposito

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