Cuando intentamos recomendar películas pornográficas, siempre caemos en la década de los años setenta. No solo porque fue el momento en el que se legalizó, sino porque el contexto general del cine permitía incluir el sexo más allá de lo porno, especialmente en los Estados Unidos, donde a la represión siguió una liberación muy grande. Pero esos años, los que siguieron a la derrota de Vietnam y prepararon la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de ese país, fueron también años de desencanto, una época en la que se sentía con fuerza la idea de unos EE.UU. vencidos y caídos a un abismo de degradación. No otra cosa era el cine de entonces, especialmente el de los grandes autores (Scorsese, Coppola, De Palma y otros de esa generación). En esos años, el porno "tenía trama" y era especialmente satírico respecto de este estado de las cosas.

Cuando llegó el VHS y se abarató mucho la producción, las cosas cambiaron. Ya estábamos en los años ochenta, Reagan era presidente y el porno comenzó a retirarse de los cines. El mundo audiovisual de los EE.UU. fue derivando cada vez más hacia el entretenimiento fantástico (donde hay obras maestras, claro: Gremlins, Volver al futuro, Terminator son todas obras críticas, además). Y el porno empezó a llenarse de parodia. Ya no importaba contar una historia sino reírse de la cultura de masas, además de excitar al soberano. Después de todo, con una cámara digital y una cassette se podía filmar mucho gastando poco. La verdadera "década de oro" en cuanto a cantidad de producción fueron los 80.

No hay ningún fenómeno de la cultura popular que no haya tenido su espejo o parodia pornográfica. Hoy, claro, eso sigue (si ven la versión de Avengers de 2012, van a encontrar más personajes que en la película), pero carece del filo y del riesgo que había en aquellos años previos, muy previos, a la corrección política y la cultura de la cancelación. Parece extraño decirlo así, pero el porno puede ser muy libre con el sexo (eso también es bastante discutible, de todos modos), pero no en lo temático. Como es un tipo de cine siempre sospechado de los peores males, por lo menos en su faceta más industrial "se porta bien". El curioso puede revisar, por ejemplo, las regulaciones de salud pública e impositivas que se le imponen en los EE.UU., que no son muy diferentes a las que se disponen en la Unión Europea, los dos centros más grandes de producción.

Volviendo a la parodia, buscando en servidores (hay algún problema desde hace semanas con el sempiterno y genial eroticage.net, donde además hay obras maestras del cine "reales", sin ninguna ironía, como Delicias turcas, Yo te saludo, María, Días tranquilos en Clichy o La mujer pública) encontré algo llamado Driller. "Driller", es "taladro" o "taladrador". Imaginé que tenía como protagonista a un señor con genitales muy por encima de la media y una capacidad hormonal notable. Bueno, sí, eso siempre es medianamente estándar, pero "Driller" era en realidad el nombre-parodia de "Thriller". Realizada en 1983, era, transparente, una broma alrededor de Michael Jackson y de su tremendo, nunca imitado clip, ese que no solo impulsó a MTV a la estratósfera sino que, además, cambió el lenguaje del audiovisual.

Impulsado por la curiosidad, me dispuse a ver. Tiene algunos problemas: especialmente que la fotografía es muy oscura y, por lo tanto, algunos detalles son borrosos. También son borrosos porque no se rodó con material de video de altísima calidad (el VHS nunca, jamás fue un formato de gran fidelidad). A pesar de ello, la cosa se ve y se ven las cosas. Y aquí viene el atractivo especial de esta película de VCA (una empresa importante del sector entonces) que se encuentra en el server Tuberponclassic (también recomendado para quienes quieran trazar una arqueología de la cachondez).

Hay un chica muy modosita (lo sabemos porque lleva anteojos) que va a un recital. El recital es de un músico cantante bailarín llamado -adivine- Driller. La verdad es que mucho no baila, pero ahí está. Incluso hay chicas bailando alrededor, maquilladas como supuestos zombies. La chica, tras el recital, se encuentra con el novio y tiene relaciones sexuales con él. Aclaremos aquí que, si bien es explícito, pasaron quince minutos de película sin que pasara nada, y que es probablemente el sexo más aburrido que se haya filmado (pero también digamos que es a propósito). Frustrada por la rápida descarga del señor de marras que ni siquiera se desviste y habla con una voz horrible durante el movimiento, nuestra heroína se va a dormir y tiene toda serie de fantasías eróticas con Driller, que incluyen tríos don ambos sexos, relaciones con un hombre lobo con la máscara de Máicol y la campera roja (y un muy gracioso, animado con una Commodore 64, momento de orgasmo masculino), alguna imagen seudo sado (máscaras, no otra cosa), un ballet (sic) de chicas zombies, una orgía zombie y números musicales varios. Al final, tras despertar, el propio Driller le toca el timbre y ella está dispuesta a darle todo. Plano congelado de risa.

Sí, más o menos es la línea argumental del video "Thriller" que dirigió John Landis, alargado con la intervención de secuencias de sexo. Pero lo que realmente me llamó la atención fue que no hay vergüenza por ejemplo para mostrar la frustración sexual femenina o el sexo interracial; ni alguna secuencia con connotación necrofílica, sin que se pierda nunca el humor. De hecho, algunos momentos con sexo y disfraces están bastante lejos de causar algún tipo de excitación (y se les puede reprochar, por cierto, ser demasiado largas). A esto hay que agregar algo que la acerca, para el tipo de películas "barely legal" que suelen ser las porno, a la superproducción. En efecto: hay canciones, en muchos casos sobre la "base" rítmica del disco de Michael Jackson, pero con letras y entonaciones propias. Es decir, se preocuparon -tampoco era cosa de comerse un juicio, pero hay que pagar para hacerlo- en tener canciones más o menos originales que pudieran darle a este opus el aire de musical imprescindible para entender la parodia. Que es bastante divertida incluso en un detalle involuntario: el Michael de la película se parece mucho, pero muchísimo más, a Prince. Que vivan los 80.

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Leonardo Desposito

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