Rambo III

Empecemos por un clásico. Rambo III es una de las películas más desaforadas de los años 80, en la que Stallone interpreta al ex marine en medio de la guerra en Afganistán. La película es tremenda, está muy bien filmada (por eso hay que verla con esta distancia) y una gran curiosidad ideológica: en ese entonces, el bando bueno era el Talibán. Stallone siempre supo cómo actuar con todo su cuerpo y llega a niveles de violencia casi surrealistas, invenciones que nadie creía ni siquiera entonces pero todos disfrutaban a lo animal. Un cine que ya no puede volver a hacerse de ningún modo: por razones ideológicas tanto como estéticas.

Knock-Off

Escondida en la grilla de Netflix, Knock-Off es una de las películas realmente "buenas" con Jean-Claude Van Damme. En gran medida es una parodia del cine de artes marciales: hay falsificadores de ropa en alguna zona de Oriente que se encuentran con un tejido que esconde explosivos. Y entonces hay que desactivar a los mafiosos. Pero todo es no solo desaforado sino completamente humorístico, y el tema de la falsificación es constante. Dirigida por un gran comediógrafo, Tsui Hark.

Terminator II

No sabemos si es "la mejor" de la serie, pero sí uno de los picos más altos de James Cameron, cineasta que requiere de modo urgente ser tomado en serio. No solo es una aventura de ciencia ficción que no da respiro, sino que incluye no pocos elementos del western y del thriller de suspenso. Pero por encima de todo es la historia de una mujer que asume su rol de madre en un mundo donde los valores están completamente trastocados. Una fábula moral a gran velocidad con don Arnold Schwarzenegger haciendo la segunda a Linda Hamilton (sí, es así, mire de nuevo).