Cuando se habla de "cine político", se mira indefectiblemente a América Latina y Europa, y muy pocas veces a Hollywood salvo que se trate de filmes "de denuncia", que es algo diferente del cine político. Es complicado, de hecho, definir "cine político" alejado de lo que implican las denuncias de los abusos del Estado o de los crímenes de los dirigentes. Sin embargo, hay un cine político, un cine donde lo político (el ejercicio del poder, la discusión sobre las instituciones y la ideología) es central aunque uno no se dé demasiada cuenta a simple vista. Dado que algunas de estas películas clave están hoy fácilmente disponibles en plataformas, vamos a recomendar algunas que, efectivamente, muestran todo lo "político" que puede ser Hollywood.

Vamos por la película más vista de la historia: Lo que el viento se llevó (HBO Max). Acepten como premisa lo de "la película más vista", para que no ocupe demasiado espacio demostrarlo (lo es, lo avalan los números, por lo menos en sala). Se realizó en 1939, no costó tanto dinero como parece y para que un "tanque" de hoy llegue -con ajuste de inflación- a opacarla se requiere el triple de lo que recaudó Avatar hasta ahora. Durante mucho tiempo se vendió como un melodrama romántico sobre una chica que, en medio de la Guerra Civil de los EE.UU. y lo que vino después, encuentra y pierde el amor. Eso es cierto. Pero Scarlett O'Hara (gran caracterización de Vivien Leigh en su debut en Hollywood) es una persona que decide, cuando el Sur pierde la guerra, convertirse en una empresaria "del norte". Deja la plantación de algodón basada en la esclavitud negra que ejercían sus padres (un irlandés y una francesa, todos católicos mientras que los "yanquis" son protestantes) y monta un próspero negocio maderero esclavizando presos blancos. Pero por volverse "yanqui", pierde todo y decide, al final volver al Sur, a la vida tradicional a pesar de todo. Es decir: la película más vista de la historia es totalmente anti-yanqui.

John Ford, el mayor realizador de la historia, nunca dejó de hacer cine político. Incluso tiene una película sobre el paso de cierto populismo "de barrio" a las campañas políticas hechas desde la TV (El último hurra). Sobre la miseria de la Depresión hizo Viñas de ira  (Qubit, sobre novela de John Steinbeck), que critica la explotación del hombre por el hombre y apuesta a cierta solidaridad de clase. Pero quizás su película más política sea, realmente, Un tiro en la noche (Star+), que narra cómo el Salvaje Oeste se civiliza con la llegada de la educación, el tren y las elecciones democráticas, y qué se pierde (el mito, la libertad total, etcétera) cuando la civilización le gana a la barbarie. John Wayne representa al viejo "cowboy" justiciero y James Stewart, al abogado civilizador. A que no saben con quién se queda la chica (Vera Miles) y a quién termina añorando. Cine político sin soluciones fáciles.

Quizás la más grande saga política de los setenta sea, de hecho, El Padrino (Paramount+, Netflix, Prime video). Que no es una película contra la mafia, sino una puesta en cuestión de las taras de la democracia estadounidense. La mafia se describe como una sociedad de socorros mutuos entre inmigrantes italianos, con un "rey" bueno que imparte una justicia a veces salvaje. El gran dilema de Michael Corleone es que quiere "limpiar" a su familia del crimen organizado, pero el propio sistema está también corrupto y eso lo lleva al fracaso. ¿Cómo no va a ser política pura una obra que empieza con la frase "yo creía en América"? 

Si quieren ver un delirio político notable, tienen en Netflix una "para chicos", Pequeños guerreros, de Joe Dante. Se parece a Gremlins en un sentido: hay unos bichitos malos haciendo estragos y otros, buenos, tratando de evitarlo. Pero los "bichitos" son muñecos de acción, juguetes a los que una corporación comandada por un tipo muy similar a Donald Trump les puso chips militares. Y esos "soldaditos", que repiten a lo imbécil consignas bélicas, terminan generando un caos apocalíptico. En el medio, Dante se dedica a contar la historia del paso de la infancia a la adolescencia tanto para un chico como para una chica (notable secuencia de las Barbie-Zombies asesinas). Que al final todo se arregle con dinero y el comentario "sumenle un par de ceros y vendan los muñecos a amigos de la Defensa" es una ironía más que notable.

Y pronto, en Star+, van a tener Titanic. ¿Cómo Titanic va a ser una película política? Veamos: los inmigrantes son sacrificables, los ricos, no. Una mujer que está a punto de casarse por dinero y que casi se suicida decide tomar la vida en sus propias manos. Otra, su madre, dice "solo tenemos un apellido y deudas, a las mujeres no nos queda otra que conseguir un hombre". Y después: la tecnología. El deseo de llegar antes, de la velocidad, de la pura competencia es lo que condena el viaje, uno donde el dinero termina valiendo absolutamente nada. Vean de nuevo Titanic que es lo que es y muchas otras cosas.

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Leonardo Desposito

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