Este viernes Netflix estrenó su serie original argentina basada en ese universo paralelo existente alrededor del fútbol argentino donde manda la violencia y el delito es cosa de todos los días. Protagonizada por Dolores Fonzi, como la elegida por el presidente de un club de primera ficticio- “Ferroviarios”- para limpiar la institución de los barras y sus negocios non sanctos, la historia aborda la cara más oscura del deporte que vive y respira la mayoría de la gente en nuestro país.

Carlos Belloso y Esteban Lamothe interpretan a los líderes de la pesada del club, amos y señores de todo lo que pasa en el barrio, una reconocible zona porteña de gente muy humilde. Acostumbrados a controlar los negociados vinculados a su club, le declararán la guerra a Diana (Fonzi), la nueva jefa de seguridad del club designada por Guillermo (Antonio Grimau), cansado de los aprietes y de vivir haciendo concesiones. El misterioso apuñalamiento de “Lomito” (Belloso) durante un partido será el inicio de esta nueva guerra, donde hay más de dos bandos implicados.

Juan Gil Navarro interpreta al poco fiable tesorero de la institución, un joven que supo ser hincha de los bravos, y hoy actúa de manera grondoniana a la hora de manejar los hilos de la ilegalidad en el seno de Ferroviarios. Diana, que trabaja en una ONG y conoce al detalle la problemática de la gente del barrio y su vínculo con el club, confiará en Cardozo (Daniel Aráoz) como su brazo armado para el cruento enfrentamiento que se viene.

Adrián Caetano (“Pizza, birra, faso”) se puso detrás de las cámaras en estos 8 episodios de la primera temporada, bajo una idea original de Patricio Vega y la supervisión de Martín Zimmerman (“Ozark”, “Narcos”) como showrunner. La marginalidad y sus matices, la dualidad de muchos de sus personajes -nadie es del todo bueno o malogarantizan una ficción que, por su temática, seguro dará que hablar.