En el fondo, todos sabemos cuáles son las últimas novedades de las grandes plataformas. Todos sabemos qué buscar, legal o no legalmente (no vamos a abrir aquí cuestionamientos al respecto) para ver en casa, o qué podemos ir a ver cada jueves al cine (cuando hay cine). Pero eso, bueno o malo, es solo la punta del iceberg cinematográfico: gran parte de la historia del cine e incluso de las películas que se hacen hoy quedan invisibilizadas y perdidas. Por suerte, hay dos plataformas accesibles en la Argentina (una de ellas, argentina de hecho) que permiten quebrar un poco ese bloqueo.

Mubi lleva un par de años en el mercado. No es cara (menos de $300 por mes) y tiene dos maneras de acceder a los contenidos: o bien se ingresa a una biblioteca muy nutrida con títulos sin fecha de caducidad, o bien a la "cartelera", donde cada película dura treinta días. Es decir, todos los días entra una y sale otra, así que siempre hay qué ver de nuevo.

Pero lo interesante es que Mubi se concentra sobre todo en películas clásicas y cine "de festivales". No necesariamente películas experimentales (aunque hay bastante, claro) sino cosas rarísimas que son tan buenas o mejores que lo que se publicita cada día, pero no tienen la posibilidad de conocerse. No vamos a recomendar de la "cartelera", aunque si quieren hoy pueden ver Los Ángeles al desnudo, Brazil o la joya de Wong Kar-wai 2046. Vamos a recomendar algunos títulos imperdibles de la biblioteca.

En una sección dedicada al Festival de Cannes, tienen que ver Los 400 golpes, opera prima de François Truffaut, comedia dramática sobre un chico que no se lleva del todo bien con sus padres ni con el colegio y decide "hacer las mil y una" jugando al pequeño delincuente en las calles. No solo inició la Nouvelle Vague (la película es ideal para ver con adolescentes, absolutamente conmovedora y bella) sino que además es el primer capítulo en la saga de Antoine Doinel, serie casi autobiográfica de Truffaut que vio crecer al protagonista como actor y hombre, don Jean-Pierre Léaud.

Hay una selección de "Pink Cinema", el cine soft porno japonés que satiriza la sociedad de ese país. Ahí es genial Abnormal Family, una película que tiene el incesto como núcleo pero que se ríe de las malas costumbres aburguesadas de la clase media nipona. Rareza total. Como es rareza Vampir-Cuaudecuc, donde el catalán Pere Portabella filmó cómo el cineasta clase B Jesús Franco hacía su propia versión de Drácula. Y es Drácula -con un gran Christopher Lee recitando el final- y una reflexión hermosa sobre el poder de fascinación del cine, rodada muda y en blanco y negro.

Y pueden ver (qué difícil recomendar) películas de Sergei Paradjanov, como La leyenda de la fortaleza de Suram. Son películas aparentemente raras que toman historias y leyendas y las vuelcan con enorme poesía a la pantalla. El resultado es asombroso por su uso del color y por las historias mismas, el cine rescatando un folclore perdido y volviéndolo universal

Qubit.TV también tiene muchísimo material de festivales. Su precio final es de $419 mensuales y la biblioteca es impresionante. Pero algo que lo distingue es tener una selección de clásicos que no se puede creer. Por un lado, es posible revisar las sucesivas obras maestras de dos cinestas japoneses centrales como Yasujiro Ozu (Historias de Tokyo es el más grande melodrama familiar) o Kenji Mizoguchi (ahí hay que ver Ugetsu, cuento de hadas trágico sobre guerras y familias). Por el otro, varias de las mejores películas del Hollywood de oro, como Resplandece el sol (gran película de John Ford), Winchester 73 (un western de Anthony Mann que hace de un arma que pasa de mano en mano la metáfora de un mundo aún por construirse vía violencia) o la enorme biblioteca de terror de la productora Hammer. 

Si hay que reconocer tres películas que distingan esta gran plataforma, vean primero Eraserhead, la opera prima de David Lynch sobre un mundo oscuro, rarísimo, donde un tipo con un pelo levantado embaraza a una chica y tiene con ella a un ser mutante, bastante parecido a un pollo gigante sin alas, mientras cada tanto canta una señora con cara de luna desde un radiador. El mundo de Lynch, desatado desde el principio.

Luego, pasee por El mastín de los Baskerville, notable adaptación de la novela de Conan Doyle sobre Sherlock Holmes que juega al horror y a lo policial con Christopher Lee y Peter Cushing, hermosa película de la Hammer y primer Sherlock a todo color, bastante sexy además.

Y termine el juego por Los paraguas de Cherburgo, tragicomedia musical sobre un chico y una chica que se enamoran y se separan por culpa de la guerra, una madre demasiado estricta y un embarazo que no estaba en los planes. Una película que hace de la belleza un programa estético. Aproveche: en estas plataformas todo -absolutamente- es bueno.

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Leonardo Desposito

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