Cuando ya vimos tantas series en la vida, se hacen inevitables las comparaciones. La mexicana “¿Quién mató a Sara?”, gran éxito hace semanas en Netflix, nos recuerda a la excelente “Bloodline”: una familia renombrada que alberga en su seno terribles secretos y sólo parece estar unida por el dinero y su posición social.

También pensamos en “Sucession”, otro magistral drama sobre un clan millonario en el que todos se odian y buscan hundir al otro. De amor filial, poco o nada.

Ambos ejemplos alcanzan para comenzar a hablar de esta ficción que se convirtió en una de las más vistas y comentadas de la plataforma gracias a un inteligente manejo del suspenso y muchos pequeños twists en cada episodio.

Su primera temporada nos exige primero hacer la vista gorda con algunas situaciones algo forzadas o poco verosímiles. Nobleza obliga; una vez que dejamos de cuestionarnos tanto, los 10 capítulos se pasan volando y eso es algo que siempre se agradece.

La venganza mueve montañas

Alex Guzmán (Manolo Cardona) pasa 18 años en la cárcel por un crimen que no cometió: el de su hermana Sara. Al salir sólo lo motiva la venganza, y la certeza de que la familia de su cuñado, los ricachones y poderosos Lazcano, son los verdaderos culpables y lo traicionaron para que pague por ellos.

Desde ese momento trabajará noche y día para llevar a cabo su plan. Un ex compañero de prisión que también tiene cuentas pendientes con el patriarca, César Lazcano (un malo malísimo interpretado por Ginés García Millán) le dio recursos e información para que al recuperar la libertad, le arruine la vida al villano.

Los Lazcano, poder y dinero en función del mal.

Pronto la trama de suspenso se entremezcla con romances clandestinos, traiciones y revelaciones fortísimas que nos recuerdan que los mexicanos manejan como nadie el melodrama. La hija menor de César, Carolina, era muy chica cuando sucedió la muerte de Sara y no recuerda casi nada. Pero lo que sí recuerda es terrible. Y, contra toda lógica, se va a enamorar del hombre que quiere destruir a su familia.

Como en una vieja telenovela

 

Los Lezcano parecen salidos de un catálogo de malvados con glamour. Al menos el matrimonio de César y Mariana. Sus tres hijos se advierten enseguida como víctimas de la omnipotencia y frialdad de sus padres, cuyo machismo anclado en el siglo 20 es notorio y se manifiesta cotidianamente en todo lo que hacen, dicen o piensan.

A medida que Alex avanza, cual mamushka, cada descubrimiento trae consigo otro misterio. Los alcances de la conspiración que terminó con la vida de su hermana adolescente se ramifican al infinito, y el que parece enemigo puede ser aliado. También, al revés.

El constante giro de la historia que nos va mostrando a cuentagotas los sucesos de aquel día fatídico, confunde e intriga al espectador. Cuando creemos que ya tenemos la ruta del asesino, nuevos datos desvían la atención hacia otro personaje.

Y lo mejor llega al final, cuando casi todo lo que sostenía las hipótesis de Álex se derrumban dejando al espectador colgado y con ganas de más. Tranquilos, que el 19 de mayo llega la segunda temporada y ya hay trailer para ir calmando la ansiedad, aquí.

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