Si la primera parte de "Raganrok" nos introducía en lo que sería esa batalla final entre el Bien y el Mal -clave en la mitología nórdica- si sucediera en nuestra era, su continuación baja un poco más a tierra a los referentes de ambos bandos, encarnados en habitantes del ficticio pueblo Edda.

Este típico lugar de las afueras de Noruega, enclavado frente a las costas de un fiordo escandinavo, ofrece una gélida belleza como marco de la previa a la guerra que se viene. En medio de una naturaleza omnipresente se alzan las chimeneas de las industrias Jotul, manejadas por los malvados de la historia: una familia millonaria y tradicional que en realidad es la fachada contemporánea de antiquísimos Gigantes de Hielo, desplazados por Odín hace milenios.

Luego que Magne descubriera que lleva sangre de dioses y aprendiera a lidiar con sus nuevas habilidades, en estos 6 episodios deberá afrontar lo más duro de su destino. Sus enemigos son fuertes y legendarios y él, si bien se supone que es la reencarnación del dios del Trueno, sigue siendo un adolescente aturdido que se siente solo y necesita una guía para ser héroe.

Los Jotul, villanos tras la fachada de empresarios comprometidos.

Los Jotul parecen tener todas las de ganar. Hay que esperar a la próxima luna de sangre, y el joven Thor será historia. Pero uno de sus miembros decide dar el portazo e intentar tener una apacible y mundana vida de humano junto a su novia. Las internas entre la falsa familia explotan, dando lugar a traiciones y mentiras.

La imagen de la empresa atraviesa su peor momento al confirmarse que han contaminado el agua de Edda, y entre la vorágine de las noticias, se tejen nuevas alianzas.

Lo mejor de "Ragnarok 2"

Algo interesante es que cada episodio nos presenta un personaje particular de la leyenda, primero como mito y luego en el tiempo presente. Así, conocemos a Odin, que aparece al fin para orientar al pobre Magne; a Freya, la diosa que consigue todo lo que quiere, y a Jörmungandr, la serpiente "nacida" de Loki. Todo, adaptado a esta Edda ficcional y actual de la serie.

Quizá lo más jugoso de esta segunda temporada sea la relación entre su atolondrado protagonista y su hermano Laurits. Tal como adivinamos en la primera parte, el chico díscolo de la familia es, en realidad, Loki, el llamado dios de las mentiras, para algunos una entidad menor en la mitología nórdica que siempre intentaba sentarse a la mesa de los grandes y era rechazado. De ahí su disconformidad constante y su sentimiendo de no pertenencia.

Laurits descubrirá su verdadera identidad y todo se complicará.

Aquí vemos cómo Laurits descubre lo obvio: no es hijo del mismo padre que Magne. Su madre, una mujer que parece no darse cuenta de nada de lo que pasa en su hogar, confiesa el pecado y esto movilizará toda la acción de esta temporada. La relación entre los hermanos navega entre el amor, el rencor, la incondicionalidad y la venganza.

Mas acción y menos estudiantina

El protagonista duda, rechaza su poder y la responsabilidad que éste implica. Pero el Mal se mueve rápido y se aproxima la fecha tan temida de la lucha. Además, se acentúa la mirada crítica sobre las sociedades modernas y su maltrato al medioambiente, directamente relacionado aquí con el Ragnarok: el fin de todo.

Si bien sus personajes principales son adolescentes y están presentes temas como el romance, el sexo, la escuela y algunos dilemas sociales, la trama de a poco se centra en lo importante, y es la lucha entre estas fuerzas opuestas de cuyo resultado depende el destino de la humanidad. 

Una generación que se preocupa y ocupa por la ecología en un pueblo pequeño que depende de los malvados empresarios que contaminan y se creen impunes. Lo actual y lo mitológico se conjugan aquí en una secuela que mejora notablemente respecto de su primera parte y casi asegura una tercera.

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