Las biopic de figuras populares han resultado una fórmula de éxito casi asegurado para las plataformas de streaming. Quizá el primer suceso de este tipo haya sido la de Luis Miguel, convertida rápidamente en fenómeno entre el público de diversas generaciones.

En esa línea, Amazon Prime estrena el 9 de octubre Súbete a mi moto, un recorrido por la larga y turbulenta historia de Menudo, sin dudas pionera del concepto “boy band” en la industria musical y suceso a nivel hispanoamericano en la década del '80.

A través de dos líneas temporales, presente y pasado -éste de manera dinámica ya que según evoluciona el grupo, avanzan los años- conocemos la génesis y furor de Menudo. Edgardo Díaz (Yamil Ureña y Braulio Castillo) es el alma mater de este gran negocio.

Corre 1975, y en el pequeño poblado de Caguas, Puerto Rico, este ambicioso y hábil empresario advierte el furor que generaba en los chicos locales el grupo juvenil español La Pandilla.

Seguro de que tenía entre manos una idea dorada, decide armar su propia banda con los tres hijos de su primo -Ricky, Carlos y Óscar Meléndez Sauri- y otros dos hermanos, Fernando y Óscar Neftalí (Nefty) Sallaberry Valls.

Con paciencia y mano firme, Díaz disciplina artística y profesionalmente a estos pequeños para que empiecen a presentarse en ferias barriales. No pasará mucho tiempo para que discográficas y público femenino se abalancen sobre Menudo, con todo lo bueno y lo malo que eso acarreará.

Es que a medida que la banda se hacía famosa a lo grande; crecía la locura de las fans, los desbordes, los peligros, las tentaciones. Además, en épocas sin legislación laboral para los menores, las fronteras entre trabajo y explotación no estaban nada claras.

El método de Edgardo Díaz sentó las bases para las boy bands que todavía perduran. Escritor de la mayoría de las canciones, sus colaboradores instauraron además un estilo de coreografía y vestuario nunca antes visto.

Llegaron las presentaciones televisivas, las publicidades, los shows más grandes. Pronto Puerto Rico le quedó chico a Menudo, pero la carrera hacia la internacionalización tuvo sus obstáculos, como el choque de culturas o algunas acusaciones de sexualización temprana de sus fans.

En simultáneo, la moda de los grupos juveniles explotaba: del otro lado del Atlántico. ABBA y Parchís se convertían en estrellas. Díaz se da cuenta que la competencia en nuestro continente se iba a poner difícil y, tomando decisiones a veces polémicas, va por más.

No todo lo que brilla...

La serie plantea también el aspecto menos glamoroso que implicaba trabajar con menores de edad. Los padres de los chicos firmaban un contrato que especificaba que sus hijos permanecerían en la banda “hasta que cumpla 16 años o le cambie la voz”.

El desplazar a los pequeños artistas una vez que les aparecía el bigote o empezaban a pifiarle en las notas pasó a ser una práctica habitual para el empresario, que lidiaba con llantos, berrinches y planteos de todo tipo por parte de niños y padres.

Cabe recordar que Menudo tuvo en total casi 40 miembros durante sus más de tres décadas de actividad, por lo cual los actores que interpretan a los cantantes no están mucho tiempo en pantalla: crecen rápido y son reemplazados. Y sí: aparece Ricky Martin, el Menudo más famoso del mundo, que ingresó a la banda en 1984, tras superar un rechazo de Edgardo en su primera audición, años atrás. Ricky entró meses después que Robi Draco Rosa, otro ilustre.

A lo largo de 15 episodios, el Díaz del presente evoca aquellas épocas a pedido de una joven que prepara una tesis universitaria sobre el grupo del que su madre era fanática. Pero esta mujer, hoy adulta, encierra un secreto doloroso de sus días de “menudita” que la atormenta y genera fricciones con la joven que no comprende su irracional odio hacia el grupo.

Sin dudas los fans de Menudo van a disfrutar de Súbete a mi moto ya que hay muchas canciones y una buena recreación de aquellas décadas de inocencia, sin redes sociales ni internet, en que había que juntar ahorros para comprar esa revista soñada que traía los posters de los ídolos.

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Analia Caballero

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