Un exquisito Benedict Cumberbatch marca el pulso de la oscura "Eric"
Actor consagradísimo y popular, vuelve a encontrar la manera de atrapar a la audiencia. En este thriller, ambientado en los 80 en Nueva York, el secuestro de un niño es la excusa para descender a los infiernos personales de varios personajes.
Sin exagerar, podemos decir que Benedict Cumberbatch es un actorazo, de los mejores de su generación. Aunque se mueve cómodo trabajando en el mainstream con roles como el de Dr Strange del MCU, es en los personajes más profundos y escondedores donde disfrutamos de su mejor versión.
El actor birtánico hizo muchos papeles recordados en la pantalla grande y la tevé, aunque quizás la mayoría de sus seguidores lo hagan desde la genial serie Sherlock de la BBC, una reversión moderna del taciturno detective que sin dudas puso para arriba varias convenciones del género.
Y es que en Sherlock, Cumberbatch demostró que él es algo especial. Su intensidad, ayudada por sus rasgos nada comunes, aportan complejidad y misterio.
Ahora en Eric, miniserie que estrenó Netflix este jueves 30 de mayo, encarna a Vincent, uno de los titiriteros más famosos de Nueva York y creador de un popularísimo programa infantil de televisión, que ve derrumbarse todo a su alrededor cuando desaparece su pequeño hijo Edgar, de 9 años.
A pesar del glamour y el encanto de la televisión de aquellos años, en el interior de Vincent se desatan hace tiempo varias batallas, a las que intenta combatir con la ingesta de alcohol y una pose de estrella del rock, soberbio y algo irresponsable.
Hijo de un magnate con quien no tiene vínculo ya que representa todo lo que este artista detesta, su matrimonio está en la cuerda floja cuando sucede el desgraciado hecho.
Edgar heredó el gusto paterno por la fantasía y las marionetas, un poco quizás como escapatoria a la dura realidad que se vive en casa. Su padre le presta menos atención de la que debería, y horas antes que el niño desaparezca camino a la escuela, le había contado que creó un personaje para que Vincent sumara a su show.
Es ese personaje, Eric, garabateado en cientos de hojas de papel en la habitación del hijo perdido, quien actuará como delicado sostén de la cordura de Vincent, claramente un hombre con desequilibrios mentales que ante esta situación comenzará a desbarrancar.
Y es su compañía imaginaria la manera en que este padre culposo se convence de que, si Eric vive, su hijo también, y así volverá a verlo. Vincent le explica a su hastiada esposa -que hace rato no lo ama- que si logra que la marioneta azulada aparezca en la tevé, su hijo regresará sano y salvo.
Además de la investigación policial -a cargo de un detective negro y gay en la racista Nueva York ochentosa- y el rol de los medios de comunicación que hacen de este drama un espectáculo diario, la serie creada por Abi Morgan (La dama de hierro) erige a la propia ciudad como otro protagonista de la historia.
Las calles neoyorkinas están en ebullición, oscilando entre la marginalidad y la modernidad que el progreso capitalista promete, las minorías reclaman derechos a la vez que las pandillas continúan dominando cuando cae el sol.
El delirio de Vincent le jugará en contra y lo aislará de quienes comenzaron esta lucha a su lado. La desesperación de un hombre impotente ante lo que sucede vehiculiza el talento de Benedict Cumberbatch, que arrastra a su criatura -padre bastante cuestionable, hay que decirlo- hacia el fondo.
Eric es un thriller diferente, con una muy buena representación de época e, insistimos, un actorazo que sabe darle el tono exacto a este anti héroe difícil de perdonar.

