Economistas como Martínez de Hoz y Dujovne han fundamentado de distintos modos que las principales causas de la inflación son los salarios elevados, el déficit fiscal y la emisión monetaria.

Además de acordar con esta esta teoría, Cavallo y Melconian fueron determinantes en el endeudamiento externo, la estatización de la deuda y la inflación desencadenada en las postrimerías de la última dictadura cívico-militar. Por éste y otros motivos, el ministro de economía de Menem y De la Rúa no debería ser recordado sólo por el período de estabilidad de precios.

Además, todos ellos fundamentan que no quieren reducir el déficit fiscal aportando más impuestos sino reduciendo las partidas destinas a la mayoría de la sociedad. Quieren otro modelo.

Modelo inflacionario

Apoyándose en el déficit, los economistas mencionados generaron condiciones para contraer deuda externa en gran magnitud, que en esencia no se destinó a partidas de obra pública ni dirigidas a la mayoría de la sociedad sino a la dolarización de activos de grandes grupos empresarios.

¿Quién y cómo se pagaría la deuda? Que la deuda la pague el Estado, que en este caso significa todos menos ellos.

Como hemos comprobado en carne propia, la escasez de dólares en la economía en general y de reservas en el Banco Central para intervenir en el mercado impulsan las devaluaciones, que tienen un efecto inflacionario, aumentando los precios a un ritmo mucho mayor que el de los salarios.

Para pagar el endeudamiento externo, en particular con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el organismo hegemonizado por Estados Unidos reclama tanto la reducción del déficit fiscal como de la emisión monetaria, mientras que las tasas de interés se eleven al ritmo del incremento del tipo de cambio o devaluación del peso.

Es un plan cuya lógica interna impulsa la inflación.

Apropiación inflacionaria

La evidencia empírica muestra que, en los períodos de inflación elevada, el salario reduce su participación en el ingreso, que es lo mismo decir que el excedente o ganancia la incrementa. Siempre.

El salario disminuyó su participación en el PBI entre 1976 y 1982, pasando del 48% a 26%. Luego de elevarse un poco desde 1983, en 1989 cayó de nuevo por debajo del 30%.

Luego de la caída del salario con la salida inflacionaria de la convertibilidad en 2002, el salario fue recuperando espacio, en circunstancias de inflación no tan elevada para los registros de las últimas cinco décadas en nuestro país.

En 2016, la participación del salario en el PIB era del 51,8% y en 2019, paso al 46,1%. Si bien inicialmente el salario recuperó su participación en el ingreso en 2020, cayó al 43,1% en el último trimestre de 2021. El próximo informe técnico del Indec con datos del primer trimestre de 2022 se publicará el 13 de julio de 2022.

Excedente inflacionario

Como se parecía, al menos en las últimas cinco décadas, no puede decirse que la inflación elevada es causada por el incremento de salarios (inflación por salarios). En cambio, puede observarse que la inflación es un gran mecanismo para que se incremente la ganancia (inflación por excedente).

Como a confesión de parte, relevo de pruebas, se recurrirán a algunas expresiones de Federico Braun, destacado miembro de AEA, extraídas de una entrevista que le realizó Andrea Lluch en 2008 confirman los datos analizados.

Respecto a la década de 1980, afirmó: “Fuimos muy ágiles en el manejo de la inflación […] Con inflación creciente, fue espectacular”, refiriéndose a la espectacular ganancia de la empresa que administraba, la suya, claro.

Pero esa dinámica inflacionaria no sólo redujo el salario real y la participación del salario en el ingreso: “La inflación creciente, la hiperinflación desembocó en esa crisis”. Esa crisis dio lugar a las privatizaciones de las empresas públicas, al endeudamiento externo y al desempleo y empobrecimiento, por un lado, y al crecimiento económico de Braun y miembros de AEA, por otro.

Como reflejó BAE Negocios, el martes 7 de junio en la reunión de AEA, ante la pregunta de qué hacía su cadena de supermercados con la inflación, contestó riendo: “Remarca precios todos los días”.

Pero como el salario no puede subir todos los días, siempre está rezagado respecto a los precios. Pero los precios no son sólo costos, también incluyen ganancias. Por eso, la respuesta despertó las carcajadas del gran empresariado inflacionario.

(*) Economista UBA-Undav, e integrante de Economía Política para la Argentina (EPPA). @Pablo_Ferrari77