La decisión del gobierno de no participar en las actuales negociaciones comerciales del Mercosur con Corea del Sur, Canadá, India, Singapur y Líbano no significa, de ninguna manera, el abandono del bloque regional. Es necesario aclararlo porque un mensaje del mayor partido político opositor, de fuerte difusión en los medios de comunicación, generó una gran confusión. El título del comunicado era "Juntos por el Cambio rechaza la salida del Mercosur".

La integración de nuestro bloque regional representa mucho más que esas intervenciones. El área de libre comercio regional y el Arancel Exterior Común del Mercosur no cambian; por supuesto, mantenemos la libre circulación de mercaderías, de factores productivos y personas (por la emergencia sanitaria, transitoriamente, hay restricciones). También sostenemos todos los acuerdos políticos, financieros, educativos, de comercio, migración, transporte, desarrollo social, protección y promoción de los derechos humanos, integración cultural y de cooperación realizados y, ante la pandemia, seguimos fortaleciendo el control con recursos comunes del Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (Focem). Ese fondo, no muy conocido, es un mecanismo de transformación estructural solidario (aportan más los socios más grandes y los más pequeños reciben más recursos) que busca reducir las asimetrías de competitividad entre los socios del bloque. Por ejemplo, a principios de este mes, el Focem aprobó la asignación 16 millones de dólares para el proyecto Plurinacional "Investigación, Educación y Biotecnologías aplicadas a la Salud". Los recursos están siendo destinados en su totalidad al combate coordinado entre los países miembros contra el COVID-19.

Cuando hay un consenso prácticamente total entre los grandes organismos de análisis económico mundiales que anticipa que estamos frente a la peor crisis global desde, por lo menos, los años treinta del siglo pasado sería de una enorme irresponsabilidad avanzar en acuerdos de liberalización comercial con países que poseen una capacidad industrial superior a la local y grandes excedentes de mercancías, como resultado de la crisis y de la oleada de los últimos años de políticas proteccionistas de las potencias. Para Latinoamérica, la CEPAL espera que la crisis sea la peor de toda la historia. Estima una contracción económica de -5,3% y sostiene que "para encontrar una contracción de magnitud comparable hace falta retroceder hasta la Gran Depresión de 1930 (-5%) o más aún hasta 1914 (-4,9%).

Además, en el particular estado de debilidad actual de la economía nacional, sin acceso al financiamiento externo, alta inflación y golpeada por el proceso de desindustrialización que implicó una destrucción continua y acumulada de 169.502 puestos de trabajo formales entre diciembre de 2015 y el mismo mes de 2019, generar mayor incertidumbre a los productores locales por los resultados de esos nuevos convenios hubiera agravado aun más la muy dura crisis, desatando un mayor número de cierres de establecimientos productivos, más destrucción de empleos y crecimiento de la desigualdad y la pobreza. No hay un cuadro analítico posible para pensar que, en estas condiciones, el resultado de esas negociaciones puedan impulsar una mejora de la calidad de vida local. La mayor oferta externa de bienes industriales, en caso de eventuales acuerdos con Corea, Canadá, Singapur e India, producidos a menor costo por contar con tecnologías más desarrolladas, estabilidad económica y crecimiento, un acceso mucho más importante al financiamiento y saldos de exportación extraordinarios terminaría de arruinar a la industria nacional. Es seguramente ese el motivo de la ausencia de estudios de impacto públicos de los acuerdos comerciales buscados. Desde ya, es posible que algunos sectores en nuestro país puedan mejorar su inserción internacional a partir de la liberalización pretendida, pero la evidencia reciente es contundente respecto a la pobre efectividad en términos de creación de empleos. Por caso, desde diciembre de 2015 hubo una sustancial baja en las retenciones agropecuarias (se anularon en todos los productos menos en el complejo sojero, al que de todos modos se redujo) y, sin embargo, no se verificó ninguna mejora sensible en el empleo agropecuario; entre 2015 y 2019 apenas se incorporaron 3.678 puestos de trabajo registrados, cuando la población económicamente activa en el país crece a un ritmo no menor a las 160.000 personas por año. 

La flexibilidad aprobada por el gobierno de Macri para que cada país, de forma aislada, pueda suscribir el acuerdo con la Unión Europa generó un muy grave antecedente contrario al Tratado de Asunción e impulsó a nuestros socios regionales más liberales a querer extender esa condición a nuevos pactos, más allá de que el acuerdo constitutivo del Mercosur implica "la adopción de una política comercial común con relación a terceros Estados o agrupaciones de Estados y la coordinación de posiciones en foros económico-comerciales regionales e internacionales". Nuestro país, en minoría y con vocación conciliadora, no quiso presentarse como un obstáculo frente a países hermanos.

Ahora bien, en esta situación de enorme fragilidad y complejidad política y económica, la publicación de un comunicado malversando lo ocurrido por parte del mayor partido opositor es una deplorable actitud maliciosa, sobre todo porque sus políticas fueron responsables de la debilidad sanitaria, financiera y económica con la que nuestro país debe enfrentar la pandemia. Sus decisiones, como gobierno, llevaron al FMI a tener que reconocer que el cuadro de endeudamiento de la Argentina se volvió insostenible, cuando el país antes de la administración de Cambiemos gozaba de un muy bajo endeudamiento. Inclusive, el líder del gabinete económico de ese gobierno, Nicolás Dujovne, en una conferencia de prensa ante empresarios en Brasil, realizada a mediados de 2016 antes de ser ministro, había calificado la escasa deuda como una "bendición". Sin embargo, apenas tres años después de esas afirmaciones, el país debió anunciar un "reperfilamiento" de sus obligaciones, sin haberlo acordado con acreedores. Dos grandes calificadoras de riesgo internacionales no acompañaron al gobierno en el eufemismo pronunciado por el entonces ministro Hernán Lacunza y debieron calificar la situación como "default selectivo" (Standard & Poors) y "default restringido" (Fitch).

Por más que Juntos por el Cambio, a través de su influencia mediática, pretenda engañar ahora a la sociedad sobre los valores que el actual gobierno defiende y fomenta, nuestra vocación de integración regional está intacta y se consolida. Por supuesto, diferencias entre socios del bloque existieron siempre y seguirán habiendo; de forma consensuada, como a lo largo de la historia del Mercosur, buscaremos el mejor acuerdo para la unidad y el bienestar de todos.

Más notas de

Mariano Kestelboim

Argentina y Chile, las menos golpeadas por el Covid-19 de los países medianos y grandes de América latina

Argentina y Chile, las menos golpeadas en América latina

Latinoamérica necesita estar unida ante la peor crisis económica de su historia

Latinoamérica necesita estar unida ante la peor crisis económica de su historia

Hay bases para una acelerada recuperación post pandemia

Hay bases para una acelerada recuperación post pandemia

El extraño caso de un "default" que revalorizó los activos argentinos

El extraño caso de un "default" que revalorizó los activos argentinos

Los motivos del freno de la corrida cambiaria

Los motivos del freno de la corrida cambiaria

Los economistas serios atacan de nuevo

Los economistas serios atacan de nuevo

La integración regional es central para la Argentina

La integración regional es central para la Argentina

Argentina permanece en el Mercosur

Argentina permanece en el  Mercosur

No hay riesgo de hiperinflación

No hay riesgo de hiperinflación

¿Cuál es el peligro de la suba de las cotizaciones paralelas del dólar?

¿Cuál es el peligro de la suba de las cotizaciones paralelas del dólar?